principio. Cuando deja de sorprenderte cualquier final. A sonreír se empieza en cuanto se
aprende a soñar flojito. Es inefable. Pásate varios años con demasiadas ilusiones sin cicatrizar,
y a todos tus sueños les acabará saliendo una arruga. Y como no los vayas revisando
y actualizando de tanto en tanto, algún día te verás explicándoles por qué ya no pueden salir
a la calle vestidos de marinerito. Pero hoy no quiero hablar de sueños. Sino de sonrisas. Y
hay muchísimas maneras de estirar la boca. Para empezar, uno puede sonreír para sí mismo
o puede son-reírle a otro. Se trata de sonrisas completamente distintas, sobre todo porque
mientras la primera es por donde se escapan ideas alegres y recuerdos indelebles, la
segunda constituye el símbolo universal de la complicidad. En este último caso, muchos
aseguran que dedicarle a alguien tus labios puede resultar tan contagioso como un bostezo
en el metro. Luego están las sonrisas que enseñan los dientes y las que se hacen las
interesantes. Nada que ver las unas con las otras. Creo recordar haber leído que el ser
humano, junto a algunos primates, es el único animal del planeta que no enseña los dientes
como señal de defensa o agresividad, sino justamente de todo lo contrario. A partir de ahí,
todas las demás. Sonrisas de idiota y sonrisas de listillo. Sonrisas falsas, sonrisas malignas,
sonrisas tímidas, arrogantes, sonrisas payasas y sonrisas desesperadas. Sonrisas que invitan
a un primer paso y sonrisas que declinan toda invitación. Sonrisas verticales, horizontales,
de medio lado, de medio pelo y hasta en diagonal. El catálogo de sonrisas humanas se
complementa con formas de bocas, accidentes faciales y jardines dentales, hasta crear las
infinitas combinaciones que, en teoría, y sólo en teoría, deberíamos estar presenciando
continuamente. Y es que una variable clave dentro de esta inusual ecuación consiste en el
momento en el que decide hacerse presente. Para cualquier otra expresión física, hay que
tener muy en cuenta cuándo se manifiesta. Para la sonrisa, no. Da igual la situación en la
que te encuentres, una sonrisa bien dibujada siempre te va a ayudar, a ti y seguramente a los
demás también. Sí, incluso en un tanatorio, en un accidente y en una ruptura sentimental.
Para terminar, matización importante. No confundirse. Sonreír no tiene nada que ver con
reír. Simplemente comparten letras. La sonrisa crece. La risa estalla. La sonrisa calla. La
risa berrea. La sonrisa escucha. La risa habla. Pero si se puede sonreír incluso mientras se
llora. Con eso está todo dicho. De cualquier modo, si hay algo que realmente me fascina del
acto de sonreír es lo mucho que se obtiene frente a lo poco que cuesta. Lo poco que abunda
frente a lo gratis que es. Lo bien que conozco el teorema. Lo poco que me lo sé.

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