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domingo, 28 de septiembre de 2014

EXCLUSIVOS Y EXCLUYENTES,

Somos lo que nunca fuimos ,en lo que pretendimos,lo que no entendimos en ese mar de cristal de una pista de un pub cualquiera,en cualquier ciudad,nos miramos y comprendomos que ese era el momento.
Lo que nos faltaba ,lo que necesitabamos,lo que el momento nos brindaba y era casi incandescente la luz de  aquel rincon,pero las manos volaban y la prisa sucumbia a cualquier crterio de extraditacion personal y la frecuencia del calenton,nos puso en sintonia.
Lo que no recuerdo de esa madrugada ,era quien rompio el hielo,,si que lo derretimos juntos y nos dejamos llevar por la corriente que nos llevaba a la desembocadura de lo que seria algo casi perfecto.
En que nos prometimos por primera vez. Lo que nunca mas nos acordamos,lo que el momento nos brindaba olvidandonos que ser como somos, nos combierte en seres, exclusivos,y excluyentes.

Somos lo que no seremos ,gente que se entrega a mas de una noche,gente que necesita mas y lo sabe reclamar y sobre todo gente que se compromete a la necesidad propia,y del otro.
Lo que nos quedaba de ese lobo hambriento ,en esa madrugada se diluyo en segundos despues de la corrida ,delante solo el espacio exterior y un ya te llamare,un portazo y una certeza del si te he visto no me acuerdo,demasiado increibles para ser verdad,excluyentes de toda regla o norma que nos ligue a algo mas.
De esa chico en llamas De ese paso lento hacia el atardecer. De esas ganas ya no queda nada

  Pero donde nunca hubo preguntas nunca habrá certeza ,y donde hubo fuego las cenizas quedan y yo hoy estoy tan solo en tu soledad ,y lo unico que queria eran las respuestas,y por que no,que me hizieses volar solo una vez mas
No...
De que me sirven las promesas ,si cuando nos demos la vuelta tal vez solo nos dejen un numero mas en un wassup de estados catodicos e inexistentes ,que llenan agendas de momentos olvidados con remites a futuros perdidoss,lastima que ellos no puedan vivir,pero a lo nuestro,a lo que ibamos,a lo que habiamos venido,al lio,al desenfreno,al aqui te pillo ,aqui te mato,a la necesidad de sentirnos unicos,exclusivos y excluyentes,no tengo tiempo para saber mas,y dudo mucho que me interese otra cosa que no sea yo mismo y batir mi propio record.

Si con que me toques ya me vuelvo loco Qué le voy a hacer. Tu abrazame y despues,despues nos juramos un minuto a solas,por que aunque me marche ya me este muriendo por volverte a ver,te juro que te hare saber que te alejes,por que no habra nada que sepamos,ni queramos y mucho menos tengamos la intencion de hacer.

Fuimos lo que nos juramos ,lo que nos dejaron los abrazos rotos,las lineas suspendidas siempre resignadas al punto final,y si hay alguna duda tu tranquilo que ni tu ni yo,exclusivos y excluyentes no tenemos ninguna intencion de despejar a incognita,no vaya a ser que en un mal planteamiento ,nos tengamos que poner en la tesitura de rendir nuwestro arte,al que no pensamos ceder por nada y mucho menos por un subidon.

Fuimos más que dos amantes Fuimos aguardiente, fuimos delirantes Fuimos tantas cosas
  Que a final de cuentas no pudimos dar
Donde nunca hubo preguntas nunca habrá certeza Y donde hubo fuego las cenizas quedan.
Y yo estoy tan solo en mi soledad. Y ahora lo único que quiero es sólo una respuesta.
Hazme volar una vez más. No hay nada que podamos hoy hacer. Tus palabras, sólo ocho letras
Que se quedarán siempre en la arena.
Que se quedaran dentro de mí.Para recordarme,por supiesto,si un dia aparaces bailando en mis recuerdos que tu y yo una vez fuimos exclusivos y excluyentes.

sábado, 27 de septiembre de 2014

EL CUERPO GRITA... LO QUE LA BOCA CALLA


La enfermedad es un conflicto entre la
personalidad y el alma. Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no
llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es
posible comunicar las aflicciones.
El estómago "arde" cuando las rabias no
consiguen salir.
La diabetes "invade" cuando la soledad
duele.
El cuerpo "engorda" cuando la insatisfacción
aprieta.
El dolor de cabeza "deprime" cuando las
dudas aumentan.
El corazón "afloja" cuando el sentido de la
vida parece terminar.
El pecho "aprieta" cuando el orgullo
esclaviza.
La presión "sube" cuando el miedo
aprisiona.
Las neurosis "paralizan" cuando el niño
interior tiraniza.
La fiebre "calienta" cuando las defensas
explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas "duelen" cuando tu orgullo no se
doblega.
El cáncer "mata" cuando te cansas de vivir.
¿Y tus dolores callados? ¿Cómo hablan en tu
cuerpo?
La enfermedad no es mala, te avisa que te
estás equivocando de camino.
Me parece bonito compartir este mensaje:
EL CAMINO A LA FELICIDAD NO ES RECTO.
Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES
Existen semáforos llamados AMIGOS
Luces de precaución llamadas FAMILIA
Y todo se logra si tienes:
Una llanta de repuesto llamada DECISIÓN
Un potente motor llamado AMOR
Un buen seguro llamado FE
Y abudante combustible llamado
PACIENCIA.

domingo, 21 de septiembre de 2014

CREO




Para empezar, creo que soy idiota. Igual no soy el más idiota que encontrarás, pero fijo que estoy entre los que más idioteces han cometido. Ahí tienes, por ejemplo, a cualquiera de mis ex. No hace falta ni que hables con elloa. Viendo el pedazo de tios que he dejado escapar, ya te puedes hacer una idea de lo idiota que soy. Y hay más. Mucho más.
Creo en las cosas concretas. Conozco muy bien el peligro de las palabras abstractas y ya no me fío de quien me vende algo que no se puede comprar. Por eso no creo en la felicidad, sino en la alegría. Por eso no creo en la libertad, sino en la voluntad. Por eso no creo en la igualdad, si no es de oportunidades. Por eso no creo en la gente, sino en las personas. Por eso no creo en dios, sino en el alma. Creo que hay cosas e individuos que la tienen, y cosas e individuos que ya la han perdido para siempre.
Creo en los valores. Un valor como creencia que te obliga a un sacrificio. Y que no te engañen, no hay valores a medias. No existen. Un valor es un siempre dicotómico, binario: unos y ceros, o se practica todos los días y a todas horas, o no es. Uno no puede practicar la honestidad de 9 a 5 y luego llegar a casa y pegársela a su primera dama con una actriz. Hollande, Clinton, Miterrand. Un valor no lleva interruptor. Si no puedo confiar en la persona, jamás podré confiar en el profesional. Y viceversa.
Creo en lo que nos une. La manipulación en masa empieza con la división de tu audiencia. El primer paso es dividirlos. El segundo enfrentarlos. El tercero, polarizarlos. Y el último, llamar al exterminio del otro. Nuestro libro debe vencer sobre su Biblia, su Estatut o su programa electoral, da igual. Pues oiga, no. Ya lo dijo George Carlin. Quien te quiera manipular, buscará siempre lo que nos separa. Quien no quiera obtener nada de ti, buscará siempre lo que tengamos en común.
Creo en la vida. Por eso creo en el aborto. Creo que nadie tiene el derecho a meterse en el vientre de nadie sin su permiso, por muy diputado, ministro u obispo que sea. Y aún diría que menos aún en esos casos. Quita, bicho, quita.
Creo que todo el que mata merece sufrir todos los días durante el resto de su larga y dolorosa existencia. Por eso no creo en la pena de muerte. Porque es dejar un trabajo a medias.
Creo en el criterio, entendido como no aceptar jamás ideas de segunda mano, salvo como materia prima para fabricar las propias. Por eso desconfío de todo aquél que me dice lo que yo quería escuchar. Porque no quiere informarme, sino confirmarme y así ungirme con su Espíritu Santo.
Tampoco creo en el esfuerzo. He visto a demasiada gente que se esforzaba toda su vida y no lo conseguía y sin embargo otros, sin dar un palo al agua, les salía todo bien. Pero sí en aquello que algunos llaman suerte, que para mí no es más que una combinación de talento, perseverancia y oportunidad.
Creo que la Iglesia se ha currado mi apostasía. Creo que la elección del Papa Francisco es un gran ejercicio de tanatopraxia. Mi única religión hoy es la buena fe. Y mi único dios, quien la practique.
No creo en la fama. Pero sí en el prestigio. Sé lo poco que cuesta construir la primera. Y lo mucho que vale lo segundo. Creo en apostar por el largo plazo. En la diferencia entre valor y precio. Y en las segundas rebajas. Que las cosas más importantes que puedes aprender en esta vida no se pueden enseñar. Que las preguntas son eternas. Y que son las respuestas las que cambian. Que no existen críticas constructivas ni destructivas. Existe crítica útil y crítica que no lo es.
Y por último, creo en la duda. Creo en las frases que empiezan por creo que. Porque saber, lo que es saber, nadie sabe nada. Y yo el que menos. Lo único que ha finalizado para siempre ya no es la historia, sino nuestra burda capacidad de predicción.
Y a pesar de todo lo dicho hasta aquí, querida estudiante, espero que tú no pierdas nunca el tiempo con este tipo de preguntas, como he hecho yo.
La respuesta jamás estará en lo que digas.
Sino en lo que hagas.”

QUW MAL NOS QUERREMOS......

“Qué mal nos queremos. Qué mal andamos de cariño del bueno. Qué poco nos paramos a darnos lo nuestro. Y ya no digamos lo de los demás. Qué pronto se acabó lo que se nos daba, si es que se nos dio. En este déficit emocional globalizado y transnacional no existen ya ni clases medias ni clases altas, aquí todos somos mileuristas de un amor hipotecado, aquí todo el mundo es un sin techo de amor del que duele cuando sana, amor del de verdad.
Y todo por querernos mucho, muchísimo, sí, pero mal, con lo cual acaba siendo peor el remedio que la enfermedad. Porque cuando algo es malo y sin embargo escaso, no hay que preocuparse demasiado, es mucho más fácil de evitar, y ya no digamos de erradicar. Pero si encima te lo profesan en cantidades industriales, si hablamos de una pandemia a nivel mundial, inténtate tú escapar. Es imposible. Y así nos va.
Qué mal nos queremos. De verdad. Existen quereres de los que damos por descontados. Su único gran defecto es que siempre estuvieron ahí, sin pedir nada a cambio, sin hacer demasiado ruido y tampoco hubo que hacer mucho para currárselos. Es el querer de una madre, sí, pero también cualquier amor que llegue demasiado pronto, demasiado fácil, demasiado incondicional, ése que cuando te vienes a dar cuenta de que lo tenías, te giras y ya no está. Y es entonces cuando empiezas a echarlo de menos. Cuando ya es tarde. Cuando ya no se le puede corresponder… ni apartar.
Y es que no sé si lo ves, pero mal, nos queremos un rato. Mira el amor propio, el amor a uno mismo. Ése que alguno confunde con soberbia o prepotencia y a otros les da vergüenza manifestar. La gente aquí no tiene punto medio: o se pasa de frenada, como es mi caso, o en su vida no lo llega ni a probar. Esta última es la humildad mal entendida, la que te divide día a día como individuo y te apaga como una vela en medio de esta tempestad a la que llamamos rutina. Lo necesario que es pasar más tiempo con uno mismo, para poder pasarlo con los demás. Lo difícil es encontrarle el punto, apretarle a la vida, exigirle siempre un poquito más. Conocer los propios límites y ponerlos cada día a prueba, y comprobar que cuando tú te acercas, siempre se acojonan y acaban refugiándose un poco más allá.
Y así no es de extrañar que haya gente que se quiera tan flojo. Nos enamoramos y hacemos ver que nos da igual. Vayamos poquito a poco, no te vaya a soltar un te quiero demasiado pronto, no nos vayamos a precipitar. Como si esto que te sale del corazón fuese agua del grifo. Ahora lo caliento, ahora lo enfrío. Ahora le doy a chorro. Ahora gotita a gotita y no más. Y el día menos pensado se te olvida quitar la llave de paso y te encuentras flotando empapado en medio de tu propia soledad. Uno no elige cuándo ni de quién se enamora, como tampoco se puede elegir la velocidad. Falacias que nos contamos a nosotros mismos, tratando de convencer a un amigo que ya hace tiempo que ni nos cree, ni nos ha dejado de escuchar.
Dentro de este ramillete improvisado de amores nocivos, no podíamos olvidar los que encuentran placer simplemente en hacerse daño. Los yonkis de la intensidad. Es difícil llegar a admitirlo, pero algunos lo consiguen. Y entonces qué. Porque destruirse es como acariciarse: por muy bueno que seas contigo mismo, siempre hay alguien que lo hará mucho mejor por ti. Aunque sea porque llega adonde tú no llegarías jamás. Y es que nadie me hiere como tú.
Qué mal nos queremos cuando quererse es atraparse, meterse en una urna y verse marchitar. Entramos en el mundo de los reproches, de las libertades fingidas, del tú verás, del te quiero tal como te imagino. T’estimo, ets perfecte, ja et canviaré.
Y para terminar, para que nadie se sienta excluido, aplaudamos la inmensa horda de amores pantalla. Los que lo son de cara a la galería, porque a nadie se le ocurre nunca profundizar. La cantidad de parejas que cenan siempre en silencio. Parejas que si se cuentan el día, lo hacen como quien repasa sin hambre la carta. Parejas que han olvidado que el hecho de hablar no tiene nada que ver con el acto de comunicarse. Para lo primero basta con mover la boca y emitir fonemas. Para lo segundo, además, hay que mover el corazón. Propio y ajeno.
Y hablando de ajenos.
Por muy mal que nos queramos todos, jamás olvides que siempre estarán peor los demás.
A que sí, cariño.

domingo, 7 de septiembre de 2014

tienes talento

Tienes talento. No te conozco de nada, pero ya sé que lo tienes. Y si yo lo sé, tú deberías saberlo ya. Créeme, que de esto algo he aprendido, que de esto algo sé.
Tienes talento. Entendido como lo entiende José Antonio Marina, inteligencia bien dirigida, que elige adecuadamente sus metas y los medios para conseguirlas, y ahí que va. Imparable, implacable, rotunda y eficaz. Entendido también como lo entiendo yo, talento como capacidad de provocar algo en los demás. Si eres un líder, capacidad de hacer que te sigan. Si eres un artista, capacidad de conmover, de emocionar. Si eres un contable, capacidad de que todo encaje. Porque tienes talento. Puede que aún no te hayas dado cuenta, pero oye, ahí está. Escondido entre tus frustraciones y tus miedos al qué dirán. Igual está disfrazado de hobby, vestido de algo que siempre haces simplemente por disfrutar. Aquello que te daría vergüenza tener que cobrar, porque harías con gusto incluso gratis. Aquello que piensas que deberías pagar para poderlo desempeñar. Aquello que jamás llamarías trabajo. Aquello de lo que jamás te quieras jubilar.
Tienes talento. Esa habilidad para sorprender al que te lo descubre. Ese don, ese no sé qué. Esa facilidad. Seguramente te cueste creer que alguien pueda llegar a valorarlo algún día. Pero esa persona existe, y seguramente no esté sola, seguramente sean más.
Entre lo que te gusta y lo que se te da bien está lo que les gusta a los demás, que es lo mismo que decir que en algún lugar, en algún momento, existirá un grupo de personas dispuesto a compensártelo. Una vida sin trabajo ni obligaciones te está esperando si aciertas con aquello a lo que te quieres dedicar. No está mal, como promesa ni como beneficio racional.
El problema no es, por lo tanto, tener talento. Eso ya hemos quedado todos que ahí está. El problema está en descubrirlo a tiempo. Antes de que la vida te haya hipotecado. Antes de que te dirijan la vida unas cuantas facturas que sí o sí, algún día, tendrás que empezar a abonar.
Cómo despertamos a tiempo. Ésa ha sido y sigue siendo la verdadera tragedia de toda la humanidad, desde que el hombre es hombre y desde que la mujer no ha tenido más remedio que mirárselo y aguantar, hasta hace muy muy poco. Porque incluso eso ya está empezando a cambiar, menos mal.
De ahí que, cuando se es joven, lo inteligente sea endeudarse. Una solución que propone otro sabio, Alfons Cornella, y con la que no puedo estar más de acuerdo. Se trata de conseguir los medios para hacer lo que quieras, que como tienes talento, ya los devolverás.
Y si ya no eres tan joven, tampoco hay excusa, pues nunca es tarde para empezar a respirar. Ahí está Sir Alexander Fleming, descubriendo la penicilina a la tierna edad de 47 primaveras. O un cartero de Los Ángeles que en 1969 dejó su trabajo para acabar publicando su primera novela rondando ya los 50 tacos. Igual te suena, se llamaba Charles Bukowski. Y qué me dices de un tal David Chase, que creó una serie de televisión una vez pasados los 54, a la cual tituló así: Los Soprano.
Por lo tanto, si el problema no es tener talento, porque lo tienes, si el problema no está en llegar a tiempo, porque aún lo estás, si el problema no está en haberse dedicado toda la vida a lo que uno se debería haber dedicado, ni siquiera los medios con los que uno cuenta para arrancar. Si el problema no es nada que tenga que ver con todo eso, mírame a las gafas y respóndeme.
Dónde.
Está.
El.
Puto.
Problema.”

martes, 2 de septiembre de 2014

Adioses paganos



En esta vida ciega de muerte, muda de riesgo y sorda de palabras inconvenientes, nuestro
pasado hace mutis por el foro mientras babeamos idiotizados por sus majestades los Rayos
Catódicos, Plasma y LCD. En esta economía de la insatisfacción, nos quejamos de lo poco
que tenemos y lo muchísimo que desearíamos tener, pero rara vez contamos a partir de lo
que hemos tenido y dejado atrás. Algo falla cuando siempre queremos más, y nunca de lo
mismo. Algo yerra cuando nos vamos despidiendo de todo y de todos, quizás sin darnos
cuenta de que hoy somos lo que somos porque algún día tuvimos lo que tuvimos. Una
educación, unos padres, una novia, un segundo de felicidad. Todo eso que estuvo y ya no
está, pero que de algún modo sigue ahí. Todo aquello que hoy pesa sobre nuestra piel de
gallinas cada vez que se disfraza de recuerdo y se tiñe de color basta. Aun así, o quizás por
eso mismo, yo cada vez creo más en las despedidas, los hasta luego, los nunca más. Y
cuanto más dolorosos e intensos, mejor. Porque nos acercan a lo que en algún momento ha
sido real, porque nos empapan de algunas gotas de lucidez. Porque nos han hecho ser,
crecer, reír, llorar y creer ?sobre todo creer? en algo que ni salió ni saldrá jamás en las
noticias. Y de esas cosas, las que no salen por la tele, están hechas las vidas de todos los
días. El resto, como explicaron Beigbeder, Baudrillard o Debord mucho mejor que yo, es
sólo vivir esa gran mentira que nos han vendido con el nombre mágico de futuro, mientras
nos roban, extorsionan, alquilan, comercian, trafican y explotan nuestro presente. Si te fijas,
el gran tabú ya no es el sexo, que se consume en abierto, en gerundio y es imposible de
ahorrar, sino la enfermedad y la muerte, que se pueden prorratear, ingresar, ocultar y
delegar en manos de «seguros», no vaya a ser que si las vemos tan de cerca como realmente
están, nos planteen incómodas e inconvenientes preguntas sobre qué estamos haciendo con
nuestro ahora. Interesa que pensemos en futuro, que es donde habitan todos los miedos,
porque los pánicos del mañana son gasto para hoy. Interesa que gastemos dinero antes que
tiempo, porque aún no existen los sueldos en minutos de vida (todo llega). E interesa, sobre
todo, doparse de expectativas. La expectativa de encontrar pareja ideal en sólo hora y media
de película, la de dar con el trabajo de tu vida cada jueves en tu quiosco, la de alcanzar tu
destino por veinte euros ida y vuelta, la de aprender inglés sin ningún esfuerzo, la de hacer
feliz a tu familia en treinta y seis cómodos plazos, la de dejar de fumar sin apenas quererlo,
la de lucir un tipito como ése por 29,90. Expectativas inoculadas a través de la aguja
hipodérmica del «nuevo», disueltas en el suero de un «no lo piense más». Como si lo
hubiésemos pensado en algún momento, como si nos lo hubiesen dejado pensar. El
resultado, ahí está cada primero de mes, millones de fábricas individuales de obsolescencia
con sus monederos llenos de nada, dispuestos a dar crédito a otro remedio, otra vida, otro
más allá. Sólo hasta agotar la existencia. Sólo hasta fin de mes.