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lunes, 22 de diciembre de 2014

Mi dulce día de navidad



Mi dulce día de navidad empezaría mucho antes de que lo dictase El Corte Inglés. Mi dulce
día de navidad no moriría en el 26. En mi dulce día de navidad no importaría si rezas o das
con el mazo, si eres inmigrante o internacional, si posees más preguntas que respuestas o si
por el contrario profesas cualquier tipo de fe. Nadie compraría nada para mi dulce día de
navidad. Los únicos regalos serían pedazos de vida envueltos en retales del diario más
personal. Sólo se anunciarían juguetes que no necesitan pilas, los escaparates cambiarían
sus vitrinas por espejos y las calles estarían constantemente iluminadas por medias sonrisas
de complicidad. En mi dulce día de navidad, el del turrón no vuelve a casa, porque ha
montado su primera fiesta del orgullo gay. En su lugar, la madre abraza con igual fruición
al calvo de la lotería, que vuelve a soplar su purpurina barata sobre la caspa de los que aún
tienen algo de pelo, mientras todas las burbujitas pierden tres puntos en el control de
alcoholemia montado por sorpresa a la salida de su plato. Todos los villancicos están
cantados por The Traveling Wil-burys, los diálogos de la pescadería son cuidadosamente
super- visados por Aaron Sorkin y, al final del día, todos disfrutamos del delicioso
polvorón, palabra que ha adoptado por fin un significado mucho más saludable y carnal.
Para mi dulce día de navidad hay que ir preparado, pues el marisco es dietético, muy barato
y cada comida produce el mismo placer que un banquete, pero con los efectos secundarios
de una sesión de gimnasio. En vez de aperitivo, calentamiento, y en vez de empacho,
agujetas. Nadie se quiere perder ni una reunión familiar, todos acudimos con ganas sinceras
de vernos, y jamás aprovechamos la ocasión para recriminarnos nada. El rey anuncia en su
mensaje anual que los políticos han prometido no dar por culo nunca más, y que existe una
proposición no de ley para preocuparse de verdad por los problemas de la gente de la calle,
les cueste lo que les cueste. Añade, para terminar, que eso de la crisis fue una inocentada
que se les fue de las manos, que el planeta ha dejado de sufrir, que en realidad Bush, Aznar,
Zapatero y McCain son superdotados y que ya se acabó la broma. Acto seguido,
retransmiten en directo un /Gran Hermano Especial Sobre Barro /en el que da la casualidad
de que han encerrado a todas las ex que más te jodieron, y las dejan a pan y agua hasta la
víspera de año nuevo, escena que contemplas mientras te fumas las hojas de un curioso
árbol que no necesita ni bolitas ni decoración. Y a todo esto, Papá Noel, que se niega a
cambiar la Play por el Yoga, el Actimel por el Danacol y su cervecita de importación a
media mañana por una sin. Total, nadie se construye chimeneas en la sala de estar, y los
que lo hacen, no es que se mueran precisamente por su visita. En fin. Que mi dulce día de
navidad, lo mismo no es muy probable, pero tampoco lo fue en su día todo lo que nos está
ocurriendo y hay que ver lo que sobrevivimos. Por eso, si no es mucho pedir, si no es
mucho esperar, algo parecido a esto es lo que me gustaría que me regalasen en mi dulce día
de navidad. También me vale un CD.

domingo, 14 de diciembre de 2014

UNA RELACION ES FRECUENCIA

Una relación es frecuencia. La frecuencia con la que hacéis cosas juntos. La frecuencia con la que no hacéis cosas por separado. La frecuencia con la que os veis y os dejáis ver. La frecuencia con la que os echáis de menos. La frecuencia con la que os estáis de más. La frecuencia con la que sentís. Con la que os reís. Y con la que lloráis, también. La frecuencia de vuestros planes. La frecuencia de vuestros recuerdos. La frecuencia de las benditas discusiones y de las malditas reconciliaciones. Frecuencias y más frecuencias. Frecuencia con la que os acostáis. Frecuencia con la que os abrís los ojos. O la cabeza. O el corazón. Frecuencia con la que os apartáis estando juntos y con la que os unís desde la distancia. Qué fácil se olvida uno de la frecuencia con que se hacen las cosas. Qué pronto se nos pudren y se tornan rutinas. Y qué fácil es olvidarse de que si no hay frecuencia, ni hay relación ni hay nada, pues puede que aún se sea, pero desde luego que ya no se está.
Un hábito es una frecuencia que nos gusta. Y un vicio es una frecuencia que nos hace mal. Cuántas relaciones que son hábito las mantenemos simplemente por vicio. Y cuántos vicios habituales acaban siendo un mero problema relacional.
Mi primera frecuencia en importancia fue, sigue siendo, y siempre será el error. Como le dije hace poco a alguien a quien aprecio, en esta vida encontrarás básicamente dos tipos de personas: la mala gente y los torpes. No hay punto medio, o vas a mala fe, o seguramente serás de los que se equivocan. Frecuentemente, sí. Por eso, hablar de frecuencias es hablar de distorsiones, de errores y de meteduras de pata. Dos veces en la misma piedra. Dos piedras de vez en vez.
Porque una vez es un punto, no tiene dirección en el espacio. Dos puntos, en cambio, marcan una línea recta. Y tres ya definen un plano. En cuanto existe más de un punto, ya intuimos un patrón. Una frecuencia. Y todo lo que se salga de ese tempo, es lo que acabamos llamando equivocadamente error.
Y hablando de errores. No hay mayor fallo que confundir frecuencias que se parecen mucho en apariencia, y sólo en apariencia. Por ejemplo, la frecuencia con la que se habla, que no tiene nada que ver con la frecuencia con la que se comunica. Porque hablar no es comunicarse. A que parece obvio. Pues no lo es. Uno puede hablarse todos los días y no decirse nada. Repasar la agenda como quien recita el listín telefónico y dejar congelado el sentimiento de hoy, por si lo recaliento precocinado para otro día. Hablar es sólo emitir. Comunicarse es preocuparse por que, además, te reciban. Y por supuesto, por la calidad de lo que se haya recibido. Y qué es la calidad sino la correspondencia entre lo que se estaba emitiendo y lo que se recibió.
Otro error básico muy pero que muy mío. Explicarme a mí mismo y a los míos por qué hago lo que hago y siempre del mismo modo. Distintas frecuencias, sí, pero siempre con la misma explicación. Y no. Así no funcionan las razones. Las razones son seres vivos. Mascotas emocionales que adoptamos tras cada acto llevado a cabo, y que desde el nacimiento mismo de nuestro recuerdo, se vienen a vivir con nosotros. Y las alimentamos, y maduran, y se desarrollan, y nos hacen compañía, y nos ayudan a estar mejor. Las razones son el mejor amigo del hombre y la más fiel amiga de la mujer. Un día, viendo la tele, te las miras por un momento y piensas cómo es posible que hayan crecido tanto, que ya no las reconozcas, con la poca cosa que eran cuando te las llevaste. Porque están vivas, y donde dijiste digo, dices Diego, y la verdad es que las dos suenan igual de bien y de adecuadas para el momento actual. No es que seas un puñetero incoherente, que también. Pero qué significa ser incoherente. Significa que tus razones crecieron y se fueron de casa. Y te dejaron solo otra vez. Las muy putas. Qué decepción.
Una relación es frecuencia. Cambia cualquier frecuencia y estarás cambiando la relación.
O mejor aún, cuida mucho tus frecuencias. Estarás cuidando tu relación

HE PERDIDO EL TIEMPO

He perdido el tiempo. Que alguien me ayude, porque no sé dónde lo dejé. Era un tiempo así como breve, hermoso, delicado, lleno de buenos momentos y de alguno malo también. Seguro que lo reconocerás enseguida. No tiene pérdida posible, por eso me extraña haberme despistado con tanta facilidad. No hay otro tiempo así. O al menos yo no lo recuerdo. He perdido el tiempo y necesito encontrarlo. Razón aquí y ahora. O mejor dicho, ya.

He perdido el tiempo contigo. Y la verdad, no sé cómo ha podido volverme a pasar. Porque esta vez lo teníamos todo atado y bien atado, a buen recaudo, y encima sin necesidad de pasar por ningún sitio a firmar. Sabíamos que lo nuestro era especial. Lo sentíamos, no hacía falta ni decirlo, lo sabíamos y ya está. Lo teníamos tan claro que lo único que nos daba miedo era dejarlo escapar. Y en cambio, lo tratamos como si fuese de lo más rutinario. Lo capullos que fuimos, dios. Lo irrepetible que era esta ocasión, y la oportunidad que la vida nos brindó. Como si después de lo que hemos vivido, nos mereciésemos volver a querernos bonito, volver a volar. Y tú y yo ahí, como si no fuese con nosotros. Hemos vuelto a hacer lo de siempre, darlo todo por hecho, sin darnos cuenta de que lo que se estaba haciendo en ese momento no se volvería a dar más. Nunca más.

Pero que no cunda el pánico, porque he perdido el tiempo solo también. He creído que las cosas que no pasaban era porque no tenían que pasar. Viéndolas venir, esperando a la vida repanchingado, en vez de mover el culo e irla a buscar. Y de ese modo sólo te vienen malas noticias. Porque esa es la gran diferencia entre las buenas y las malas noticias. Que las malas siempre vienen solas, sin necesidad de que hagas nada. Las buenas, en cambio, sólo les llegan a los que se embarcan dispuestos a naufragar.

Le he exigido a la vida tantas veces una nueva oportunidad. Como si fuese algo más que un derecho, como si fuese su responsabilidad. Y ella, que ya es de por sí puta cuando no le exiges nada, imagínate cuando encima le vacilas y le vas de guays.

He perdido el tiempo dedicándoselo a gente que no valía la pena. Y echando de menos a los de verdad, diciéndoles a ver cuándo nos vemos, mintiéndoles a ellos y a mí una y otra vez, dejando sus vidas pasar. Borrándome de sus fotos futuras, comiendo en casa solo, en vez de ir a comer con mamá. Llamando a tipos y tipas irrelevantes, gastando minutos en cosas urgentes en vez de hablar de lo que de verdad importa, repasando agendas y dietarios en vez de las curvas y líneas rectas que tienden hacia la felicidad.

Por eso aquí ando, buscando de nuevo ese tiempo perdido. Otra pérdida de tiempo, pensarás. Pero la verdad es que me importa muy poco lo que pienses ahora. Necesito encontrar ese tiempo y ponerlo de nuevo a pasar. Además, habérmelo dicho entonces, cuando perdía el tiempo. Haberme avisado cuando todo me daba igual.

Hoy me queda menos que entonces, hoy el paso del tiempo se ha acelerado y ha cogido velocidad. Y sin embargo aquí estoy, como un imbécil gastándolo en algo tan improductivo como recordar. Echo de menos el tiempo perdido. Y lo quiero recuperar. Lo pienso recuperar. Y lo voy a recuperar.

Hoy quiero decir las cosas que siento cuando las sienta. Esté sentado con quien esté sentado. Y si estamos acostados ya ni te cuento. Y si cuando se lo digo no le gusta, él o ella verá. Hoy me da lo mismo caer mal o regular. Porque si para caerte bien tengo que ser otra cosa, prepárate para aguantar. Hoy, además, soy menos exigente con los demás. Porque ahora sé lo que cuesta arriesgarse y lo difícil que es acertar. Es curioso, cada vez juzgo menos y cada vez me juzgan más. Pero también soy menos transigente con la falta de inteligencia, de higiene y -sobre todo- de humanidad. Hoy creo que una conversación puede ser sanadora. Y que un silencio fuera de tiempo te puede acabar de condenar. Callarse es cada vez más peligroso. Y negarse a aceptar algo puede ser un principio para encontrar un pedazo de eso que llamamos verdad.

Quiero decir ‘te quiero’ cuando me dé por ahí, sin miedo a lo que me puedan contestar. Porque el miedo es eso que te pasa por dentro cuando estás a punto de hacer lo que tienes que hacer.

Hoy salgo de casa como quien aterriza en una ciudad que no ha visitado jamás. Con un mapa distinto cada día, con miles de monumentos a visitar. Y con una guía que se llama intuición. Y una maleta llamada recuerdo. Y una divisa que no admite cambio alguno y se llama honestidad.

No me malinterpretes, puede que todo esto te parezca una parida, una pérdida de tiempo, o puede que incluso le hayas encontrado algo de utilidad. Pero te lo digo con todo el cariño, me la suda. Como que me da igual. Con amor del rico rico. Muá.

Porque yo ya he perdido el tiempo, pero del muy bueno y en cantidad.

Puede que me haya vuelto loco, o viejo, o todo a la vez.

Y puede que eso sea lo único que me vaya a volver jamás.”

sábado, 1 de noviembre de 2014

SENTIR,VIVIR,SENTIR,Y OTRA VEZ SENTIR.

En los años 70 ocurrieron muchas cosas, algunas terribles y otras esperanzadoras. Entre las primeras, nací yo. Qué se le va a hacer, ya estoy aquí y llevo ya un rato, demasiado tarde para plantearse si fue un error histórico o un traspiés de la genética. Pero que nadie se preocupe, mala hierba nunca huele.
Entre las segundas, el psicólogo norteamericano Paul Ekman analizó las seis emociones básicas o biológicamente universales del ser humano: miedo, tristeza, ira, asco, sorpresa y alegría. Son los seis estados de ánimo que nos identifican como especie. Los seis ingredientes fundamentales en cualquier relación o emoción más elaborada, como el amor o como el odio. Las seis razones para la paz, las seis excusas para la guerra. Los seis grados de unión entre cualquier raza, sexo o condición.
Sentir miedo. Nada ha sido más útil que sentir miedo para llegar hasta aquí. El miedo nos ha protegido, nos ha advertido, nos ha hecho huir del peligro y nos ha permitido sobrevivir. Pero también nos ha hecho valientes, nos ha puesto ante retos, nos ha forzado a mejorar, nos ha hecho construir herramientas, cobertizos y atajos. Nos ha unido a los que sentían el mismo miedo. Nos ha hecho vulnerables ante las adversidades, ante la incertidumbre, ante el futuro y ante los que supieron jugar con él. Porque mientras el peligro y el riesgo son criterios objetivos, el miedo acaba siendo siempre una elección. La que toma nuestra amígdala mucho antes de que podamos opinar.
Sentir tristeza. La tristeza es el abandono de la intención. De vivir, de querer o de quererse, de quedar o de quedarse, de proyectar o de seguir discutiendo. Por eso duele más cuanto más se acerca, y le ocurre un poco como a la oscuridad, cuanto más grande es, menos se ve. Lo más peligroso de la tristeza no es que visite nuestras ganas. Lo más peligroso es que se quede a vivir. Que se instale allí donde se deja de estar. Interpretarlo todo en clave de fado, arrojarse a un pozo sin fondo que todo lo consume porque ya en nada se cree.
Sentir ira. Rabia, furia e indignación son de las pocas que consumen más energía de la que nos proporcionan. Es un déficit emocional difícil de mantener en el tiempo, ya que no admite ni préstamo ni endeudamiento. Por eso, indignarse es un estado emocional transitorio. Un calentón. Y eso lo saben muy bien los que lo tienen que saber. Al final, si aún no se nos ha pasado, ya se nos pasará. Y por eso nos pasa todo lo que nos pasa.
Sentir repugnancia. El asco es sólo el estreno de un hábito mal ignorado. A fuerza de repetirse, la repugnancia deja de provocar y se volverá costumbre. Una costumbre que algún día se convertirá en tradición. Y de ahí a patrimonio cultural de la humanidad, hay un paso. Si te ocurrió con las moscas sobre la boca del niño en Etiopía, por qué no te va a ocurrir algún día con la corrupción, que al fin y al cabo ya te la sirven nacionalizada y desparasitada.
Sentir sorpresa. De vez en cuando, algo o alguien te pilla con el pie cambiado, te rompe el guión y te obliga a improvisar. Espero que te haya pasado. Porque normalmente ése será un momento clave en tu vida. Aquél que no supiste prever, ni planificar. Simplemente, te ocurrió. Y tú te dejaste llevar, básicamente porque no tuviste más remedio. Allí es donde residen los grandes cambios. Y también las grandes oportunidades. Aunque no te guste, la historia de tu vida está tejida con el grueso de unas cuantas sorpresas y casualidades. Y tu desgracia, también.
Sentir alegría. La alegría es la manecilla de los segundos en el reloj de los momentos felices. Esos momentos que algún día recordarás pese a que tú nunca decidiste recordarlos. Porque aún no has entendido que son ellos los que te eligen, y no al revés.
Hoy es un día como otro cualquiera para sentir, sentir, sentir, sentir, sentir y sentir. Porque si algo bueno tiene todo lo malo es que nos obliga a ello. Porque si algo malo tiene todo lo bueno es que algún día nos sentiremos acostumbrados.
Pero también es un gran día para hacer sentir.
Porque comunicarse, amarse, e incluso vivir es hacer sentir.
Y morirse, con respiración o sin ella, es dejar de hacerlo.”

AHORA......

Ahora que la vida nos arranca nuestra manta,
y perdido e hipocondríaco, ya no duermo de un tirón.
Ahora que la noche es un rumor de risa ajena
que se aleja por la calle y nos congela el corazón.
Ahora que respiro y resulta más difícil
sacar bajo nuestra piel las astillas del recuerdo.
Ahora que me pierdo las auroras de Madrid
y no suenan en las radios las canciones que te debo.
Ahora que te miras por más tiempo en los espejos,
ahora que necesitamos excusas para emborracharnos.
Ahora que la brisa no enmaraña nuestro pelo,
ahora que ya no marcamos tantos goles con la mano.
Ahora que discuto a gritos con el telediario,
que reconozco en mi enojo las manías de mi padre.
Ahora que en los bares ya no crecen crisantemos,
que regreso de muy lejos y no deshago el equipaje.
Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad,
me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle.
Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad,
se derrumban los palacios y traes verde a sus solares.
Haces que este otoño ilumine mis mañanas
y haga callar al reloj del vientre del cocodrilo.
Traes un corazón para cada hombre de hojalata.
Ahora cambias mis razones y me vistes de domingo.
Ahora que he aprendido a desaprender las reglas
y que todo temporal nos regala una enseñanza,
y a decir que te amo con 140 letras
o a encerrar en un gin tonic todas nuestras esperanzas.
Ahora que las noches sin tu luz me han enseñado
que toda felicidad deja algún damnificado,
que, en las caracolas, el mar nombra tu recuerdo,
que revuelvo mis cajones para encontrar tu retrato.
Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad,
me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle.
Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad,
se derrumban los palacios y traes verde a sus solares.
Haces que este otoño ilumine mis mañanas
y haga callar al reloj del vientre del cocodrilo.
Traes un corazón para cada hombre de hojalata.
Ahora cambias mis razones y me vistes de domingo.

domingo, 19 de octubre de 2014

Cosas jodidas que suceden cuando empiezas a salir con alguien


domingo, 5 de octubre de 2014

Soy Sapiosexual


Encantado.
Soy sapiosexual y lo que me pone de ti es tu inteligencia.
Me pone saber que tu mente es inquieta. Que te pongan las letras, la música, la ciencia, el arte. Que a nada estimulante le digas que no. Me pone tanto que me estimules. Que todo te cause curiosidad y que desarmes y rearmes todo; mis pensamientos, los tuyos. Me pone que cuestiones al mundo, que no des nada por sentado, que vulneres el orden, sedicioso, subversivo. Me pone que empujes tus límites y que empujes los míos, que me dejes sin aliento, que me dejes deseando más.
Me pone cuando sabes cosas que yo no sé, y me las explicas, y me haces cómplice. Me pone que tus ideas me penetren, que tus palabras me violenten.  Que me transgredas y me atravieses entera, charlando. Me pone que sepas leerme. Que entiendas mi idioma. Que me pilles el humor, que me pilles la mirada. Que me retes y me invites a vivir en tu cabeza, y que me no me agotes mientras te busco, fulminante.  Me excita que sepas cómo encontrar mi epicentro.

Me pone que te pienses ignorante. Que creas que sabes poco y que te falta aún por saber.  Me pone que te conozcas tan bien que sepas entenderte, entenderme, y que siempre busques saber más. Que te comprometas con tus ideas y que no te de miedo cuestionarte o discutir: con los demás, contigo mismo. Me pone que te explores y que me explores a mí. Que sepas usar tu tiempo y que sepas cómo no perderlo. Me pone sentir que contigo me encuentro. Que contigo soy.
Me pone que no escuches a tus demonios, esos que te dicen que no eres lo suficientemente bueno. Me pone que te vuelvas temperamental, trabajólico, difícil, brillante. Porque sabes lo que quieres. Porque vas hacia lo que quieres. Porque vienes, si lo que quieres soy yo.
Fóllame el cerebro. El cuerpo luego seguirá.

El amor después del amor





Cuando tienes 40 palazos como yo ya te has enamorado un montón de veces. Por suerte. Por desgracia. Ya ni sé. Tu móvil es un cementerio de relaciones fallidas y te quedan pocas ganas de reconocer a tu corazón como algo más que el músculo ese que te bombea la sangre al cuerpo.  Porque te cansas de la violencia de querer. Es en ese momento que declaras categóricamente que el amor apesta y que en el pecho no tienes más que un carbón negro.  Cartelito de “Cerrado” en el pecho y ala. Ramadán del amor
Pero a quién vamos a engañar: el amor y la pérdida son las dos fuerzas que mueven al mundo, y tú, inevitablemente, te mueves junto a ellas. Has perdido tanto y tantas veces y te han hecho más daño del que puedas recordar, pero te despertarás un martes cualquiera de verano con unas ganas insoportables de revolcarte como una cerda en el amor. A tu corazón Frankenstein —ah, ese hijo de puta— le habrán nacido remiendos y puntadas invisibles. Tus arterias se habrán limpiado de ese cínico colesterol del que te encargaste de llenar tu cuerpo y dirás que qué carbón ni qué niño muerto, que a ti te gusta querer. De memoria histórica, nada.
Te olvidarás de todas las malas citas a las que has ido y te fundirás en deseo con un montón de gente en un acto de fe y valentía,  sintiéndote una discapacitada social pero confiando en que algún día no la cagarás tanto.  Encontrarás gente —la inofensiva— que busque desnudarte el cuerpo y gente —la peligrosa— que busque desnudarte el alma. Y te someterás a aquel expolio emocional. A la vulnerabilidad de sentirte usada. A las madrugadas de llegar a casa acompañada y amanecer sola. A romper tu coraza y llevar el corazón por fuera, con todos sus remiendos, con sus imperfecciones obvias. A revisar tu móvil seiscientas veces, a inventarte mil escenarios,  a analizar lo que no puede ser analizado y a las noches de insomnio, tan largas. A que te tengan de amante y a que te dejen con la última palabra en el whatsapp: ¿Cuando nos vemos?   
Y te enamorarás de nuevo, una y otra vez, sin acidez ni amargura, amnésica e imbécil perdida. Porque sí, sabes que el amor no es la única forma de felicidad, pero sabes también cómo mola —ay, tanto— saber que el mundo de alguien gira alrededor de tu culo. Por suerte. Por desgracia. Ya ni sé.

domingo, 28 de septiembre de 2014

EXCLUSIVOS Y EXCLUYENTES,

Somos lo que nunca fuimos ,en lo que pretendimos,lo que no entendimos en ese mar de cristal de una pista de un pub cualquiera,en cualquier ciudad,nos miramos y comprendomos que ese era el momento.
Lo que nos faltaba ,lo que necesitabamos,lo que el momento nos brindaba y era casi incandescente la luz de  aquel rincon,pero las manos volaban y la prisa sucumbia a cualquier crterio de extraditacion personal y la frecuencia del calenton,nos puso en sintonia.
Lo que no recuerdo de esa madrugada ,era quien rompio el hielo,,si que lo derretimos juntos y nos dejamos llevar por la corriente que nos llevaba a la desembocadura de lo que seria algo casi perfecto.
En que nos prometimos por primera vez. Lo que nunca mas nos acordamos,lo que el momento nos brindaba olvidandonos que ser como somos, nos combierte en seres, exclusivos,y excluyentes.

Somos lo que no seremos ,gente que se entrega a mas de una noche,gente que necesita mas y lo sabe reclamar y sobre todo gente que se compromete a la necesidad propia,y del otro.
Lo que nos quedaba de ese lobo hambriento ,en esa madrugada se diluyo en segundos despues de la corrida ,delante solo el espacio exterior y un ya te llamare,un portazo y una certeza del si te he visto no me acuerdo,demasiado increibles para ser verdad,excluyentes de toda regla o norma que nos ligue a algo mas.
De esa chico en llamas De ese paso lento hacia el atardecer. De esas ganas ya no queda nada

  Pero donde nunca hubo preguntas nunca habrá certeza ,y donde hubo fuego las cenizas quedan y yo hoy estoy tan solo en tu soledad ,y lo unico que queria eran las respuestas,y por que no,que me hizieses volar solo una vez mas
No...
De que me sirven las promesas ,si cuando nos demos la vuelta tal vez solo nos dejen un numero mas en un wassup de estados catodicos e inexistentes ,que llenan agendas de momentos olvidados con remites a futuros perdidoss,lastima que ellos no puedan vivir,pero a lo nuestro,a lo que ibamos,a lo que habiamos venido,al lio,al desenfreno,al aqui te pillo ,aqui te mato,a la necesidad de sentirnos unicos,exclusivos y excluyentes,no tengo tiempo para saber mas,y dudo mucho que me interese otra cosa que no sea yo mismo y batir mi propio record.

Si con que me toques ya me vuelvo loco Qué le voy a hacer. Tu abrazame y despues,despues nos juramos un minuto a solas,por que aunque me marche ya me este muriendo por volverte a ver,te juro que te hare saber que te alejes,por que no habra nada que sepamos,ni queramos y mucho menos tengamos la intencion de hacer.

Fuimos lo que nos juramos ,lo que nos dejaron los abrazos rotos,las lineas suspendidas siempre resignadas al punto final,y si hay alguna duda tu tranquilo que ni tu ni yo,exclusivos y excluyentes no tenemos ninguna intencion de despejar a incognita,no vaya a ser que en un mal planteamiento ,nos tengamos que poner en la tesitura de rendir nuwestro arte,al que no pensamos ceder por nada y mucho menos por un subidon.

Fuimos más que dos amantes Fuimos aguardiente, fuimos delirantes Fuimos tantas cosas
  Que a final de cuentas no pudimos dar
Donde nunca hubo preguntas nunca habrá certeza Y donde hubo fuego las cenizas quedan.
Y yo estoy tan solo en mi soledad. Y ahora lo único que quiero es sólo una respuesta.
Hazme volar una vez más. No hay nada que podamos hoy hacer. Tus palabras, sólo ocho letras
Que se quedarán siempre en la arena.
Que se quedaran dentro de mí.Para recordarme,por supiesto,si un dia aparaces bailando en mis recuerdos que tu y yo una vez fuimos exclusivos y excluyentes.

sábado, 27 de septiembre de 2014

EL CUERPO GRITA... LO QUE LA BOCA CALLA


La enfermedad es un conflicto entre la
personalidad y el alma. Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no
llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es
posible comunicar las aflicciones.
El estómago "arde" cuando las rabias no
consiguen salir.
La diabetes "invade" cuando la soledad
duele.
El cuerpo "engorda" cuando la insatisfacción
aprieta.
El dolor de cabeza "deprime" cuando las
dudas aumentan.
El corazón "afloja" cuando el sentido de la
vida parece terminar.
El pecho "aprieta" cuando el orgullo
esclaviza.
La presión "sube" cuando el miedo
aprisiona.
Las neurosis "paralizan" cuando el niño
interior tiraniza.
La fiebre "calienta" cuando las defensas
explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas "duelen" cuando tu orgullo no se
doblega.
El cáncer "mata" cuando te cansas de vivir.
¿Y tus dolores callados? ¿Cómo hablan en tu
cuerpo?
La enfermedad no es mala, te avisa que te
estás equivocando de camino.
Me parece bonito compartir este mensaje:
EL CAMINO A LA FELICIDAD NO ES RECTO.
Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES
Existen semáforos llamados AMIGOS
Luces de precaución llamadas FAMILIA
Y todo se logra si tienes:
Una llanta de repuesto llamada DECISIÓN
Un potente motor llamado AMOR
Un buen seguro llamado FE
Y abudante combustible llamado
PACIENCIA.

domingo, 21 de septiembre de 2014

CREO




Para empezar, creo que soy idiota. Igual no soy el más idiota que encontrarás, pero fijo que estoy entre los que más idioteces han cometido. Ahí tienes, por ejemplo, a cualquiera de mis ex. No hace falta ni que hables con elloa. Viendo el pedazo de tios que he dejado escapar, ya te puedes hacer una idea de lo idiota que soy. Y hay más. Mucho más.
Creo en las cosas concretas. Conozco muy bien el peligro de las palabras abstractas y ya no me fío de quien me vende algo que no se puede comprar. Por eso no creo en la felicidad, sino en la alegría. Por eso no creo en la libertad, sino en la voluntad. Por eso no creo en la igualdad, si no es de oportunidades. Por eso no creo en la gente, sino en las personas. Por eso no creo en dios, sino en el alma. Creo que hay cosas e individuos que la tienen, y cosas e individuos que ya la han perdido para siempre.
Creo en los valores. Un valor como creencia que te obliga a un sacrificio. Y que no te engañen, no hay valores a medias. No existen. Un valor es un siempre dicotómico, binario: unos y ceros, o se practica todos los días y a todas horas, o no es. Uno no puede practicar la honestidad de 9 a 5 y luego llegar a casa y pegársela a su primera dama con una actriz. Hollande, Clinton, Miterrand. Un valor no lleva interruptor. Si no puedo confiar en la persona, jamás podré confiar en el profesional. Y viceversa.
Creo en lo que nos une. La manipulación en masa empieza con la división de tu audiencia. El primer paso es dividirlos. El segundo enfrentarlos. El tercero, polarizarlos. Y el último, llamar al exterminio del otro. Nuestro libro debe vencer sobre su Biblia, su Estatut o su programa electoral, da igual. Pues oiga, no. Ya lo dijo George Carlin. Quien te quiera manipular, buscará siempre lo que nos separa. Quien no quiera obtener nada de ti, buscará siempre lo que tengamos en común.
Creo en la vida. Por eso creo en el aborto. Creo que nadie tiene el derecho a meterse en el vientre de nadie sin su permiso, por muy diputado, ministro u obispo que sea. Y aún diría que menos aún en esos casos. Quita, bicho, quita.
Creo que todo el que mata merece sufrir todos los días durante el resto de su larga y dolorosa existencia. Por eso no creo en la pena de muerte. Porque es dejar un trabajo a medias.
Creo en el criterio, entendido como no aceptar jamás ideas de segunda mano, salvo como materia prima para fabricar las propias. Por eso desconfío de todo aquél que me dice lo que yo quería escuchar. Porque no quiere informarme, sino confirmarme y así ungirme con su Espíritu Santo.
Tampoco creo en el esfuerzo. He visto a demasiada gente que se esforzaba toda su vida y no lo conseguía y sin embargo otros, sin dar un palo al agua, les salía todo bien. Pero sí en aquello que algunos llaman suerte, que para mí no es más que una combinación de talento, perseverancia y oportunidad.
Creo que la Iglesia se ha currado mi apostasía. Creo que la elección del Papa Francisco es un gran ejercicio de tanatopraxia. Mi única religión hoy es la buena fe. Y mi único dios, quien la practique.
No creo en la fama. Pero sí en el prestigio. Sé lo poco que cuesta construir la primera. Y lo mucho que vale lo segundo. Creo en apostar por el largo plazo. En la diferencia entre valor y precio. Y en las segundas rebajas. Que las cosas más importantes que puedes aprender en esta vida no se pueden enseñar. Que las preguntas son eternas. Y que son las respuestas las que cambian. Que no existen críticas constructivas ni destructivas. Existe crítica útil y crítica que no lo es.
Y por último, creo en la duda. Creo en las frases que empiezan por creo que. Porque saber, lo que es saber, nadie sabe nada. Y yo el que menos. Lo único que ha finalizado para siempre ya no es la historia, sino nuestra burda capacidad de predicción.
Y a pesar de todo lo dicho hasta aquí, querida estudiante, espero que tú no pierdas nunca el tiempo con este tipo de preguntas, como he hecho yo.
La respuesta jamás estará en lo que digas.
Sino en lo que hagas.”