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martes, 29 de abril de 2014

TE TIENE QUE DOLER

Tiene que doler. Es absolutamente necesario para poder pasar página. Es la misma historia que se repite con distintos nombres, distintas caras, distinto lugar y edad. E inevitablemente hacemos balance, uno realmente injusto, donde después del tornado de emociones, buscamos entre los desperfectos los restos, las piezas que nos hagan montar el puzle, comprender el porqué, para empezar a hacer el reparto de culpas. Un reparto en el que, como buenos seres humanos que somos al tiempo que imperfectos, también ambicionamos el todo y nos coronamos los únicos responsables de la catástrofe.

No somos conscientes de que hay cosas que pasan sencillamente porque tenían que pasar. El camino hacia la autodestrucción nos resulta paradójicamente más transitable que el de dejarlo pasar. ¡Qué no te pese! hace un recorrido por ese bucle de lamentaciones, para parar en seco y preguntarse qué estamos haciendo; para abrir paso a la esperanza, a la voluntad de que llegue un mejor mañana.

Yo tuve que decirle a alguien que quiero más que a mi vida lo que reza esta canción. Tuve que decirle que le tenía que doler, y que no le pesara. Le dolió, y mucho. Lo superó; y lo hizo con creces. Hoy, es más feliz.

Pero tiene que doler. Necesariamente tiene que doler. Es el dolor lo que cura, no es ni la razón ni el comecocos. Cuando ya has sentido tanto dolor, y solo cuando lo has sentido, es cuando estas preparado para abrir los ojos a lo que está pasando en frente de ti, como una realidad bonita y duradera. A veces tarda, y el dolor se lleva por delante casas compartidas, recuerdos de viajes, amistades, contratos matrimoniales llenos de promesas que no valen nada, hijos y, a veces, hasta el perro. Duele. Claro que duele. Pero de ese dolor es del que se aprende, del que sales reforzado, del que no hay que lamentarse. ¡Qué no te pese!

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