“Supongo. En realidad lo supongo todo. Porque saber, lo que es saber,
cada vez sé menos, ojo que no es falsa modestia, es más bien soberbia
frustrada y lo que es peor, encima me creo que voy aprendiendo, con lo
que al final acabo confundiendo experiencia con sabiduría y la verdad es
que así me va.
Supongo. Supongo que hago lo que me gusta, porque si no, estaría
haciendo otra cosa. Aunque a veces me encuentre a mí mismo tragando
sapos de tamaño copa balón. Aunque en ocasiones reniegue y mordisquee la
mano que mece mi cuna y me da de comer. Aunque siempre me olvide del
lujo que hoy supone tener trabajo y encima cobrar por él.
Supongo. Supongo que he cumplido cada vez más años y menos promesas.
Supongo que se me va la vida en ratos idiotas y me muero esperando
vivir, como todos, cosas que nunca importarán demasiado, y también
supongo que si hoy fuese mi último día, en realidad me pasaría la
jornada dando caza y asesinando a sangre fría a todos aquellos que
alguna vez me han preguntado qué haría yo si fuese el último día de mi
existencia.
Supongo. Y por suponer, oye que no quede. Supongo que la gente que me
quiere lo hace sin interés de ningún tipo. Supongo que no esperan nada a
cambio. Y supongo también que me quieren por lo que soy y no por lo que
vaya o no vaya a tener. Porque si no lo pensase así, supongo que yo
tampoco les podría querer de vuelta. Supongo también que ellos han visto
algo en mí digno de su cariño, de su tiempo y atención. Pero tampoco
intento preguntárselo demasiado no vaya a ser que empiecen a verme como
realmente soy y se den cuenta del percal.
Supongo que ser consciente todo el tiempo es un coñazo. Que tanta
intensidad al final satura, y que hay que tirarse un pedo de vez en
cuando para recordarse que por muy bien que nos cuidemos por dentro, eso
también existe, eso también está.
Supongo siempre un futuro mejor.
Supongo que estoy obligado a querer a todos los que lleven mi misma
sangre. Y que si eso no me ocurre en cada uno de los casos, seré un
desalmado, un desarraigado, un pobre infeliz. Y sin embargo me siento
bien queriendo sólo a aquellos con los que deseo estar. Debo de ser un
psicópata en potencia. Es posible. Pero a veces me siento en familia
incluso con gente que me acaban de presentar.
Hablando del tema. Imagino que en cualquier parte hay gente buena y
buena gente. Y que no necesariamente coinciden siempre en la misma
persona. Ni en el mismo círculo. Ni en la misma clase social. Y supongo
que el reto está en saberlos diferenciar antes de que ellos te quieran
amar, odiar o ignorar.
Y por ir acabando, supongo que todo esto que te cuento te interesa,
aunque sea un poco. Porque si no, no lo habría escrito, no lo habría
enviado para ser publicado y no habría intentado secuestrar tu atención
pidiendo además como único rescate unos gramos de tu aprobación. Supongo
que es una forma como otra cualquiera de decirte que me importas más de
lo que jamás seré capaz de aceptar.
Pero todo eso que conste que sólo lo supongo.
Ahora ya podemos seguir, que hay que disimular.
Cincuenta intentos,cincuenta desengaños,cincuenta segundos para acabar,.Cincuenta hombres en una vida..Cincuenta intervalos de silencios rotos.Cincuenta maricas en un local..Cincuenta ideas en el coco..Cincuenta intimidades que no te contare.Cincuenta chismes que por un cafe te contaria sin pensarmelo.Cincuenta cartas que ya escribi.Cincuenta que aun no se si escribirlas.Cincuenta disculpas.Cincuenta agradecimientos.Cincuenta minutos de tu tiempo,y el mio.CINCUENTA SOMBRAS DE UN GAY
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domingo, 29 de junio de 2014
miércoles, 25 de junio de 2014
hazte el amor
Hazte el amor, receta para dos personas. Se toman un par de
individuos, en adelante los amantes, que aquí consideraremos de distinto
sexo, aunque si son del mismo sexo la receta quedará igual de bien. Lo
importante no es eso, lo importante es que haya algo de atracción por
ambas partes. Ni siquiera que se encuentren guapos o se necesiten o
realmente se quieran. Si uno de los dos desearía no estar ahí, o estar
con otro, o simplemente no se siente ni atractivo ni atraído, es
preferible sustituirlo inmediatamente antes de que eche todo el plato a
perder.
Se elige un buen entorno, entendiéndose como bueno cualquiera que vaya desde el aquí te pillo aquí te mato, hasta el picadero habitual. Es importante que se responda a las expectativas de exposición que más les ponga a los amantes, que básicamente son tres: privacidad absoluta, peligro inminente o escándalo público. Y es preferible estar de acuerdo de entrada con la elección, aunque lo ideal sería llegar a ese acuerdo sin ni siquiera haberlo acordado.
Se condimenta con algo de luz. La sensación lumínica idílica varía en función de los gustos. Yo prefiero que la luz ilumine, sí, pero que jamás nos llegue a denunciar. Y si os gusta veros por duplicado, hay que tener cerca espejos o cámaras. También se puede aderezar con algo de música, yo recomiendo en ese caso tener muy controlada la playlist, no vaya a ser que te entre un Fary o un Carlos Baute y te corte de golpe todo el rollo.
Se huele. Se huele todo el tiempo. Lo importante que es olerse durante todo el proceso. El olor corporal es al sexo lo que a la comida el sabor. Hay que ir probándose continuamente, ya que hay platos que, por muy buenos que estén, jamás te gustarán o que un día, de pronto, dejan de gustarte, o que te saturan o incluso que de pronto pueden empezar a provocarte alergias. Es todo una cuestión de feromonas. Y como animales que al final somos todos, aquí no hay nada que responda a la pura y fría racionalidad.
Y ahora, por fin, el arte de darse lo suyo entra en juego.
Porque llega el mundo de los preliminares, definido siempre por aproximación. Son esos últimos cinco centímetros antes de su piel. Retardar todo aquello que ambos deseáis que ocurra. Disfrutar del camino, hacerlo durar más que el destino. Hacer sufrir con la espera pero a base de bien. Calentar a fuego lento, lentísimo, casi marcando el tempo con cuentagotas. Cuando hayáis empezado a desprender algo de sudor, es el momento de pasar a la acción.
Y ahora sí. Se macera todo con una postura. Aquí no sólo va a gustos, sino también al estado de forma física y la dureza de ambos miembros. No es lo mismo optar por una vertical, que por una horizontal o por una postura mixta. La edad y los años que llevéis juntos acabarán haciendo el resto e incluso eligiendo por vosotros.
Se remueve bien, se bate, se mezcla y se deja haciendo chup chup. En cuanto al tiempo, de nuevo aquí va a gustos. Si lo dejas poco, seguro que te quedará crudo. Si te pasas, acabarás quemado. Al dente es un punto complicado, pero es ése en el que nada se pega y todo sabe mejor.
A partir de este momento hay amantes que se pierden porque acaban confundiendo ritmo con velocidad. No hay nada como saber sincronizarse con otro cuerpo y dejar que fluya lo que tenga que fluir. La sincronía, el sincopado, el contrapunto. Conceptos musicales que seguro que se inventaron para follar. Perdón, para hacer el amor, quería decir.
Sírvase todo acompañado de un buen orgasmo. Ese gran desconocido. A menudo sobrevalorado. Pero tan agradecido también. Pretender glosarlos todos sería tan complicado como tratar de clasificar las gotas de agua. Cada uno es un mundo. Y está bien que así sea. Porque nos convierte a todos en exploradores novatos cada vez. Aunque lo cierto es que un orgasmo no es nunca condición necesaria, pero sí suficiente.
Hasta aquí la receta, aparentemente sencilla y sólo para dos.
Si hay más de dos, añádanse ingredientes a gusto de los comensales.
Y si hay menos de dos, entonces ya no estaremos hablando de hacer el amor.
Sino de comprarlo hecho.
Se elige un buen entorno, entendiéndose como bueno cualquiera que vaya desde el aquí te pillo aquí te mato, hasta el picadero habitual. Es importante que se responda a las expectativas de exposición que más les ponga a los amantes, que básicamente son tres: privacidad absoluta, peligro inminente o escándalo público. Y es preferible estar de acuerdo de entrada con la elección, aunque lo ideal sería llegar a ese acuerdo sin ni siquiera haberlo acordado.
Se condimenta con algo de luz. La sensación lumínica idílica varía en función de los gustos. Yo prefiero que la luz ilumine, sí, pero que jamás nos llegue a denunciar. Y si os gusta veros por duplicado, hay que tener cerca espejos o cámaras. También se puede aderezar con algo de música, yo recomiendo en ese caso tener muy controlada la playlist, no vaya a ser que te entre un Fary o un Carlos Baute y te corte de golpe todo el rollo.
Se huele. Se huele todo el tiempo. Lo importante que es olerse durante todo el proceso. El olor corporal es al sexo lo que a la comida el sabor. Hay que ir probándose continuamente, ya que hay platos que, por muy buenos que estén, jamás te gustarán o que un día, de pronto, dejan de gustarte, o que te saturan o incluso que de pronto pueden empezar a provocarte alergias. Es todo una cuestión de feromonas. Y como animales que al final somos todos, aquí no hay nada que responda a la pura y fría racionalidad.
Y ahora, por fin, el arte de darse lo suyo entra en juego.
Porque llega el mundo de los preliminares, definido siempre por aproximación. Son esos últimos cinco centímetros antes de su piel. Retardar todo aquello que ambos deseáis que ocurra. Disfrutar del camino, hacerlo durar más que el destino. Hacer sufrir con la espera pero a base de bien. Calentar a fuego lento, lentísimo, casi marcando el tempo con cuentagotas. Cuando hayáis empezado a desprender algo de sudor, es el momento de pasar a la acción.
Y ahora sí. Se macera todo con una postura. Aquí no sólo va a gustos, sino también al estado de forma física y la dureza de ambos miembros. No es lo mismo optar por una vertical, que por una horizontal o por una postura mixta. La edad y los años que llevéis juntos acabarán haciendo el resto e incluso eligiendo por vosotros.
Se remueve bien, se bate, se mezcla y se deja haciendo chup chup. En cuanto al tiempo, de nuevo aquí va a gustos. Si lo dejas poco, seguro que te quedará crudo. Si te pasas, acabarás quemado. Al dente es un punto complicado, pero es ése en el que nada se pega y todo sabe mejor.
A partir de este momento hay amantes que se pierden porque acaban confundiendo ritmo con velocidad. No hay nada como saber sincronizarse con otro cuerpo y dejar que fluya lo que tenga que fluir. La sincronía, el sincopado, el contrapunto. Conceptos musicales que seguro que se inventaron para follar. Perdón, para hacer el amor, quería decir.
Sírvase todo acompañado de un buen orgasmo. Ese gran desconocido. A menudo sobrevalorado. Pero tan agradecido también. Pretender glosarlos todos sería tan complicado como tratar de clasificar las gotas de agua. Cada uno es un mundo. Y está bien que así sea. Porque nos convierte a todos en exploradores novatos cada vez. Aunque lo cierto es que un orgasmo no es nunca condición necesaria, pero sí suficiente.
Hasta aquí la receta, aparentemente sencilla y sólo para dos.
Si hay más de dos, añádanse ingredientes a gusto de los comensales.
Y si hay menos de dos, entonces ya no estaremos hablando de hacer el amor.
Sino de comprarlo hecho.
martes, 24 de junio de 2014
cura de humildad
Soy el hombre más humilde del mundo. No hay nadie sobre la faz de la
Tierra más humilde que yo. Mira si soy humilde que si yo no existiera,
no habría ni siquiera que inventarme. No fuera a ser.
Me despierto cada mañana pidiendo perdón de antemano. Por la que pueda liar. Soy consciente de la molestia que provoca mi mera presencia en este mundo y pido disculpas al señor pájaro, al señor árbol y al señor Lobo, y usted qué coño hace en mi cama.
A menudo tengo dudas sobre si debo respirar el aire para no quitárselo al hueco que deja, o mejor me espero a que le sobre a alguien y me lo quiera ceder. A veces hasta me doy golpecitos en la espalda sólo para recordarme que yo también estoy.
Nada, a que no cuela.
Pues algo así me está pasando con este país.
Últimamente -y por últimamente entiéndase cualquier período incluido en los últimos 7 años- nos hemos convertido en exportadores mundiales de lo que el gran Nacho Vigalondo define como triunfracasos: tú paseas tu obra y milagros por los certámenes de medio mundo, el planeta entero te lo reconoce y se rinde a tus pies, y sin embargo tú sigues sin ver un duro en tu cuenta corriente, es más, eres objetivamente cada vez más pobre. Un triunfracaso en toda rule.
Lo hemos conseguido con la gastronomía y con el fútbol. Lo hemos intentado un año más con playa, cruceros, siesta y sangría, y parece que millones de turistas han vuelto a picar.
Sin embargo, recientemente -y por recientemente entiéndase cualquier período incluido en los últimos 6 meses- algo ha empezado a cambiar y también parece que lo haya hecho para siempre. Nuestro lastre macroeconómico ha obrado como el nivel del agua del pantano, que cuando baja lo suficiente acaba dejando al descubierto las ruinas del pueblo fantasma al que sepultó. Y si hay algo desagradable de oler son las bragas de un fantasma. Créeme. Bueno, me lo han contao.
De este modo, empezamos a descubrir que la venda de los ojos en ciertos sectores se llama cheque, que rima con jeque. Y los mejores han empezado a migrar. Bueno, de hecho lo llevan haciendo hace bastante tiempo. Pero lo cierto es que cada vez son más. Ha ocurrido en la investigación. Y en las empresas. Y entre los universitarios. Y en los deportes. Y por supuesto en el fútbol, que si en este país fuera un deporte más, lo habría incluido en mi anterior oración.
Y sin cheque ni jeque, ya se nos puede hinchar la boca, que ya no cuela. No hay mucho más donde rascar. Que se lo pregunten a Artur Mas. Con lo bonito que habría sido verle en medio del Congreso aplaudiendo en catalán. Plaix plaix plaix.
Y luego está lo del Mundial. Porque hemos ido hasta Brasil para enseñarles a esos principiantes cómo juega un Campeón del Mundo y el lunes jugaremos nuestro último partido en Curitiba con todo el rabo entre las piernas. Y nosotros venga a criticar justo al primero que dio la cara para asumir su responsabilidad. Justo al que se negó a echarle la culpa a otro. Y mira que todos sabíamos que cuando el Barça se constipa, es la Selección la que estornuda -y cuando digo todos es porque incluso yo lo sabía, y eso que soy el que menos sabe de fútbol de este país (¿no te he dicho que soy muy humilde?)-.
Aunque lo peor no es eso. Lo peor es que aquí haremos autocrítica por aspersión. Dispararemos a todo lo que se mueva en 360 grados, mataremos a varios mensajeros que pasaban por ahí y rasgaremos un par de vestiduras del ZARA, no vaya a ser que a alguien se le ocurra cambiar algo y haya que retocar la Constitución. Calla, que me he liao.
Suerte que aún nos queda gente como Rafa Nadal, gente como Marc Márquez, gente como la de nuestra Selección caída, sí, gente que definitivamente es de otro planeta, pero por alguna razón ha decidido nacer aquí y seguir siendo de aquí. Pese a cómo somos de cainitas. Pese a cuánto nos va el talar. Y el podar. Y el castrar.
Gracias a todos ellos, ya sabemos que es posible, humano y hasta perdonable, algún día, perder.
Pero jamás perderse.
Me despierto cada mañana pidiendo perdón de antemano. Por la que pueda liar. Soy consciente de la molestia que provoca mi mera presencia en este mundo y pido disculpas al señor pájaro, al señor árbol y al señor Lobo, y usted qué coño hace en mi cama.
A menudo tengo dudas sobre si debo respirar el aire para no quitárselo al hueco que deja, o mejor me espero a que le sobre a alguien y me lo quiera ceder. A veces hasta me doy golpecitos en la espalda sólo para recordarme que yo también estoy.
Nada, a que no cuela.
Pues algo así me está pasando con este país.
Últimamente -y por últimamente entiéndase cualquier período incluido en los últimos 7 años- nos hemos convertido en exportadores mundiales de lo que el gran Nacho Vigalondo define como triunfracasos: tú paseas tu obra y milagros por los certámenes de medio mundo, el planeta entero te lo reconoce y se rinde a tus pies, y sin embargo tú sigues sin ver un duro en tu cuenta corriente, es más, eres objetivamente cada vez más pobre. Un triunfracaso en toda rule.
Lo hemos conseguido con la gastronomía y con el fútbol. Lo hemos intentado un año más con playa, cruceros, siesta y sangría, y parece que millones de turistas han vuelto a picar.
Sin embargo, recientemente -y por recientemente entiéndase cualquier período incluido en los últimos 6 meses- algo ha empezado a cambiar y también parece que lo haya hecho para siempre. Nuestro lastre macroeconómico ha obrado como el nivel del agua del pantano, que cuando baja lo suficiente acaba dejando al descubierto las ruinas del pueblo fantasma al que sepultó. Y si hay algo desagradable de oler son las bragas de un fantasma. Créeme. Bueno, me lo han contao.
De este modo, empezamos a descubrir que la venda de los ojos en ciertos sectores se llama cheque, que rima con jeque. Y los mejores han empezado a migrar. Bueno, de hecho lo llevan haciendo hace bastante tiempo. Pero lo cierto es que cada vez son más. Ha ocurrido en la investigación. Y en las empresas. Y entre los universitarios. Y en los deportes. Y por supuesto en el fútbol, que si en este país fuera un deporte más, lo habría incluido en mi anterior oración.
Y sin cheque ni jeque, ya se nos puede hinchar la boca, que ya no cuela. No hay mucho más donde rascar. Que se lo pregunten a Artur Mas. Con lo bonito que habría sido verle en medio del Congreso aplaudiendo en catalán. Plaix plaix plaix.
Y luego está lo del Mundial. Porque hemos ido hasta Brasil para enseñarles a esos principiantes cómo juega un Campeón del Mundo y el lunes jugaremos nuestro último partido en Curitiba con todo el rabo entre las piernas. Y nosotros venga a criticar justo al primero que dio la cara para asumir su responsabilidad. Justo al que se negó a echarle la culpa a otro. Y mira que todos sabíamos que cuando el Barça se constipa, es la Selección la que estornuda -y cuando digo todos es porque incluso yo lo sabía, y eso que soy el que menos sabe de fútbol de este país (¿no te he dicho que soy muy humilde?)-.
Aunque lo peor no es eso. Lo peor es que aquí haremos autocrítica por aspersión. Dispararemos a todo lo que se mueva en 360 grados, mataremos a varios mensajeros que pasaban por ahí y rasgaremos un par de vestiduras del ZARA, no vaya a ser que a alguien se le ocurra cambiar algo y haya que retocar la Constitución. Calla, que me he liao.
Suerte que aún nos queda gente como Rafa Nadal, gente como Marc Márquez, gente como la de nuestra Selección caída, sí, gente que definitivamente es de otro planeta, pero por alguna razón ha decidido nacer aquí y seguir siendo de aquí. Pese a cómo somos de cainitas. Pese a cuánto nos va el talar. Y el podar. Y el castrar.
Gracias a todos ellos, ya sabemos que es posible, humano y hasta perdonable, algún día, perder.
Pero jamás perderse.
miércoles, 18 de junio de 2014
SUICIDAS A DOMICILIO
Quién no ha subido nunca a la
cornisa de las cosas imposibles. Quién no ha palpado jamás
el vacío de un por qué no. Quién
no ha sentido el precipicio de las cosas que algún día juró
no hacer. Quién no se ha visto en
el espejo de un me da miedo, de un ya nos veremos, de un
quédate hoy. Que levanten la mano
y escondan la piedra. Que madruguen si les ayuda, que
dios les pille /confesaos./ Estas
letras miopes sobre líneas retorcidas quieren rendir mi
humilde homenaje a todos aquellos
que alguna vez se han dejado la piel por dejarse llevar,
a todos los que mandaron su razón
a la mierda y lo hicieron de todo corazón, a los que ya
no encuentran porque se lo han
buscado, a los que prefieren vivir de esta manera antes que
irse muriendo de cualquier otra,
a los que eligen desterrarse de toda estabilidad y exiliarse
de cualquier cosa parecida a la
comodidad. Hedonistas por encargo, suicidas a domicilio,
inquietos por vocación. Un ole
para todos y cada uno de ellos. Un aplauso de parte de cada
uno de mis poros. A estos
inadaptados emocionales sólo les mueve lo que realmente les
mueve, sólo lo sienten si no se
les hace sentir. Rechazan la continuidad como valor
supremo y absoluto, absurda ley
que postula que las cosas, con el tiempo, no hacen más que
mejorar, enriquecerse y madurar.
Y eso, para los que hacen negocio vendiéndonos un
futuro mejor, resulta
particularmente incómodo. Iglesia, Estado y grandes corporaciones se
enriquecen a base de endiñarnos un
mañana muchísimo más prometedor que este ahora, el
único que realmente nos
pertenece. De ahí que haya que sedarnos con mentiras tan
vendibles y eternas como
sacrificio, esfuerzo, inversión, pensiones y vida eterna. El sudor
de tu frente, el valor del contribuyente,
porque tú lo vales. Toma, tú vete haciendo tus
insignificantes planes para ser
feliz el día de mañana, no se te vaya a ocurrir intentarlo a día
de hoy, que eso no computa, no
cotiza y lo que es peor, no renta. Malos tiempos para ser
incoherente, impulsivo,
espontáneo. No es muy maduro eso de llevarse la contraria a uno
mismo. No queda bien intuir en
lugar de razonar. No parece inteligente tener corazonadas y
sentir en consecuencia. Siempre
aparece una Wendy Pan dispuesta a recordarte que igual
Nunca Jamás valió la pena.
Siempre hay una mirada condescendiente deseándote suerte...
otra vez. Pues mira, tú haz lo
que quieras, pero yo me niego. Me niego a que conceptos
como pasión, taquicardia y
enamoramiento, estén mal vistos sólo por efímeros, transitorios
o coyunturales. Me niego a
creerme que los que renuncian a ellos y duran mucho tiempo
son más felices, ríen más y
sufren menos. Que tanto descalabro sentimental a nuestro
alrededor igual es síntoma de que
hay algo que no funciona. Que el que no engaña, está a
punto de hacerlo, y el que no, es
porque le da pereza, y que Barbie hace tanto tiempo ya que
no lo hace con Ken que hasta se
le olvida de fabricarse con vagina. Como alguien escribió
alguna vez, cuando habla el
corazón es de mala educación que la razón le contradiga. Y de
muy mal gusto, añadiría.
LA CONSECUENCIA
Otra vez me levanto con la resaca postergada.
Esa que sonríe de medio lao y siempre llega, pero tarde.
Me miro en el espejo y veo al YO de cualquier mañana
repitiendo como un autómata todos los gestos que me
desligan del Parnaso y arrancan mi mundo cada día.
Pero algo me dice ese ingrato reflejo que hoy
algo quiere aflorar y lo identifico porque al mirarlo desde afuera y
de soslayo algo me dice que HOY es el instante en el que me encuentro por fin ante mi mismo.
Todos y cada uno de los pasos que he dado hasta aquí me susurran a los poros que solo soy la consecuencia...
Te atreves a quedarte fuera?
Te atreves a entrar?
Cuanto puedes perder?
Cuanto puedes ganar?
Y de entrar,deberias ir hacia la izquierda,o hacia la derecha?
O tres pasos hacia la derecha?
Tal vez uno menos?
Pero,puedes confundirte tanto,que empiezes a correr?
O te quedaras parado?
O te escabullas ,por caminos largos,o con muchas curvas
A una velocidad trepidante,o suavemente,quien sabe.
O seguir por donde puedas,por un espacio salvaje extraño.
Dirigiendote me temo,a un espacio o sitio inutil.
Un lugar de espera.
Para gente que solo espera.
Esperando que salga un tren.
O que llegue un autobus.
O que despegue un avion
O que llegue un correo.
O que deje de llover.
A que suene el telefono.
Que empieze a nevar.
O a recibir un si..
O tal vez un no.
o un collar de perlas.
O una oferta de trabajo.
O solo unos pantalones.
O a lo mejor,una segunda oportunidad.
Pero de lo que no nos escapamos nadie es,que una sola eleccion puede trasformarte,o destruirte,por que todas y cada una de las elecciones que tomamos por pequeñas y sinimportancia que nos parezcan a la corta o a la media deribaran en una sola cosa,la consecuencia.
Esa que sonríe de medio lao y siempre llega, pero tarde.
Me miro en el espejo y veo al YO de cualquier mañana
repitiendo como un autómata todos los gestos que me
desligan del Parnaso y arrancan mi mundo cada día.
Pero algo me dice ese ingrato reflejo que hoy
algo quiere aflorar y lo identifico porque al mirarlo desde afuera y
de soslayo algo me dice que HOY es el instante en el que me encuentro por fin ante mi mismo.
Todos y cada uno de los pasos que he dado hasta aquí me susurran a los poros que solo soy la consecuencia...
Te atreves a quedarte fuera?
Te atreves a entrar?
Cuanto puedes perder?
Cuanto puedes ganar?
Y de entrar,deberias ir hacia la izquierda,o hacia la derecha?
O tres pasos hacia la derecha?
Tal vez uno menos?
Pero,puedes confundirte tanto,que empiezes a correr?
O te quedaras parado?
O te escabullas ,por caminos largos,o con muchas curvas
A una velocidad trepidante,o suavemente,quien sabe.
O seguir por donde puedas,por un espacio salvaje extraño.
Dirigiendote me temo,a un espacio o sitio inutil.
Un lugar de espera.
Para gente que solo espera.
Esperando que salga un tren.
O que llegue un autobus.
O que despegue un avion
O que llegue un correo.
O que deje de llover.
A que suene el telefono.
Que empieze a nevar.
O a recibir un si..
O tal vez un no.
o un collar de perlas.
O una oferta de trabajo.
O solo unos pantalones.
O a lo mejor,una segunda oportunidad.
Pero de lo que no nos escapamos nadie es,que una sola eleccion puede trasformarte,o destruirte,por que todas y cada una de las elecciones que tomamos por pequeñas y sinimportancia que nos parezcan a la corta o a la media deribaran en una sola cosa,la consecuencia.
"Una sola elección puede transformarte... o destruirte. Sin embargo, toda elección tiene sus consecuencias"
Leer más: http://mivida-loslibros.blogspot.com.es/2014/05/una-sola-eleccion-puede-transformarte-o.html
Copyright © Mi Vida:Los Libros
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"Una sola elección puede transformarte... o destruirte. Sin embargo, toda elección tiene sus consecuencias"
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martes, 17 de junio de 2014
Autobiografía para enemigos
Autobiografía para enemigos
Nació a la tierna edad de diez años en el seno de una familia acomodada, a la cual
incomodó desde el primer momento al comprobar que al niño le gustaba retozar en esa
parte del cuerpo más tiempo del necesario para alimentarse. Antes de los doce dominaba
perfectamente la lengua de sus padres, llegando a hacer preciosos nudos marineros con
ellas, y con sólo dieciséis inventó el primer idioma universal que todo el mundo
comprendería sin ningún esfuerzo ni estudio previo, y que consistía en describir con
palabras los dibujitos de los aeropuertos. Con esa capacidad innata para ver lo que otros no
ven, antes de los dieciocho llegó a la universidad, y pese a que jamás se acordaría del
camino de vuelta, allí conoció a la que sería su compañera, amiga, confidente y amante
durante el resto de su vida si no fuese porque ella se los tiraba a todos, menos a él. La gente
que más le conocía asegura que ésos fueron, seguramente, los mejores años de su vida. Y
luego afirman no tener ni ¡dea de si también lo fueron para él. Pero de cualquier modo,
todos y cada uno de los que lo tuvieron cerca coinciden en destacar el mismo atributo. Se le
veía más grande de cerca que de lejos. Acabó la universidad con notas nada modestas, entre
las que ya destacaron «tonto el que lo lea» y «vuelvo en cinco minutos», y enseguida
dedicó sus esfuerzos a encontrar trabajo. En eso, la verdad que fue el mejor. Encontró no
uno, sino varios trabajos. Decenas de ellos. Cientos, miles. Allá donde iba veía trabajos de
todo tipo. Este episodio de su vida es especialmente significativo porque así resulta más
comprensible que, tras varias jornadas enteras encontrando trabajo, lo último que le
apeteciera fuese ponerse a trabajar, de manera que acabó interesándose por trabajos que no
necesitaban ningún esfuerzo o preparación, como consultor, analista, dictador, polemista,
tertuliano o presidente del gobierno. Tras el ejercicio coherente y consistente de cualquiera
de esas profesiones, sólo se puede acabar en un sitio. En la cárcel. Allí haría algunos de sus
mejores amigos, todos de muy diversas procedencias, que irían desde la madera y el barro,
hasta la plas-tilina de colores y las mollejitas de pan. Cuando sale de la cárcel intenta
empezar su vida de nuevo, pero el seno de su familia ya no es lo suficientemente grande y
tendría que dormir encogiendo los dedillos de los pies, así que decide emprender sus ya
celebérrimos viajes. Abatido, solo, desahuciado y triste, deambula por el mundo en busca
de nuevas ideas, y es en esta época cuando más pro-lífica se vuelve su obra, inventando y
patentando, entre otros, la llamada perdida, el desodorante con aroma de piel y el pan de
molde triangular ya cortado para fiestas infantiles, con sólo el 50% de calorías. Al final de
sus días, escribe un libro que vende más que los de muchos fariseos tristes, aquellos que
creen que sólo escribe quien realmente pasa hambre, penurias e injusto anonimato. Como
podrás comprender, después de todo, muere de risa.
Nació a la tierna edad de diez años en el seno de una familia acomodada, a la cual
incomodó desde el primer momento al comprobar que al niño le gustaba retozar en esa
parte del cuerpo más tiempo del necesario para alimentarse. Antes de los doce dominaba
perfectamente la lengua de sus padres, llegando a hacer preciosos nudos marineros con
ellas, y con sólo dieciséis inventó el primer idioma universal que todo el mundo
comprendería sin ningún esfuerzo ni estudio previo, y que consistía en describir con
palabras los dibujitos de los aeropuertos. Con esa capacidad innata para ver lo que otros no
ven, antes de los dieciocho llegó a la universidad, y pese a que jamás se acordaría del
camino de vuelta, allí conoció a la que sería su compañera, amiga, confidente y amante
durante el resto de su vida si no fuese porque ella se los tiraba a todos, menos a él. La gente
que más le conocía asegura que ésos fueron, seguramente, los mejores años de su vida. Y
luego afirman no tener ni ¡dea de si también lo fueron para él. Pero de cualquier modo,
todos y cada uno de los que lo tuvieron cerca coinciden en destacar el mismo atributo. Se le
veía más grande de cerca que de lejos. Acabó la universidad con notas nada modestas, entre
las que ya destacaron «tonto el que lo lea» y «vuelvo en cinco minutos», y enseguida
dedicó sus esfuerzos a encontrar trabajo. En eso, la verdad que fue el mejor. Encontró no
uno, sino varios trabajos. Decenas de ellos. Cientos, miles. Allá donde iba veía trabajos de
todo tipo. Este episodio de su vida es especialmente significativo porque así resulta más
comprensible que, tras varias jornadas enteras encontrando trabajo, lo último que le
apeteciera fuese ponerse a trabajar, de manera que acabó interesándose por trabajos que no
necesitaban ningún esfuerzo o preparación, como consultor, analista, dictador, polemista,
tertuliano o presidente del gobierno. Tras el ejercicio coherente y consistente de cualquiera
de esas profesiones, sólo se puede acabar en un sitio. En la cárcel. Allí haría algunos de sus
mejores amigos, todos de muy diversas procedencias, que irían desde la madera y el barro,
hasta la plas-tilina de colores y las mollejitas de pan. Cuando sale de la cárcel intenta
empezar su vida de nuevo, pero el seno de su familia ya no es lo suficientemente grande y
tendría que dormir encogiendo los dedillos de los pies, así que decide emprender sus ya
celebérrimos viajes. Abatido, solo, desahuciado y triste, deambula por el mundo en busca
de nuevas ideas, y es en esta época cuando más pro-lífica se vuelve su obra, inventando y
patentando, entre otros, la llamada perdida, el desodorante con aroma de piel y el pan de
molde triangular ya cortado para fiestas infantiles, con sólo el 50% de calorías. Al final de
sus días, escribe un libro que vende más que los de muchos fariseos tristes, aquellos que
creen que sólo escribe quien realmente pasa hambre, penurias e injusto anonimato. Como
podrás comprender, después de todo, muere de risa.
domingo, 15 de junio de 2014
30 OBLIGACIONES SOLO
1. Deja de pasar tiempo con las personas equivocadas.
La vida es muy corta como para gastarla junto a personas que succionan tu energía y felicidad. Si alguien te quiere en su vida, harán espacio para ti, no deberías pelear por un lugar. Nunca jamás insistas con alguien que te pasa por alto. Recuerda que los verdaderos amigos no son necesariamente aquellos que se quedan contigo en los buenos tiempos, sino los que permanecen en las peores situaciones.
2. Deja de huir de tus problemas.
¡Enfréntalos! No será fácil, nadie es capaz de salir ileso de todos los problemas. No siempre se puede salir instantáneamente de un problema cuando se presenta, no estamos hechos para eso. De hecho, lo normal es que sintamos tristeza, enojo, dolor, incertidumbre, derrota. Este es el propósito de la vida: Enfrentar los problemas, aprender de ellos, adaptarse y, finalmente, resolverlos con el paso del tiempo. Es lo que nos convierte y moldea a lo largo de la vida.
3. Deja de mentirte.
Puedes mentirle a cualquiera en el mundo, pero no puedes mentirte a ti mismo. Nuestra vida mejorará sólo cuando aprovechemos las oportunidades y la primera y más difícil es ser realmente honestos con nosotros mismos.
4. No dejes tus propias necesidades para lo último.
La cosa más terrible es perderse a sí mismo mientras amas a alguien más, olvidándose de lo especial que es uno mismo. Esto no significa que dejes de ayudar a otros, sino que debes ayudarte a ti mismo también. Si existe un momento para seguir tu pasión y hacer algo que te importa, ¡Ese momento es justo ahora!
5. Deja de intentar ser alguien que no eres.
Uno de los grandes retos de la vida es ser uno mismo en un mundo que quiere que todos sean iguales. Siempre habrá alguien más listo, más guapo, más joven o más viejo, pero NUNCA serán TÚ. Jamás cambies para agradar a las personas; sé tú mismo y las personas correctas te amarán por ello.
6. Deja de aferrarte al pasado.
No puedes comenzar un nuevo capítulo en la vida si sigues leyendo y releyendo el anterior.
7. Deja de tenerle miedo a los errores.
Hacer algo y equivocarse es, al menos, diez veces más productivo que no hacer nada. Cada éxito trae una historia de fracasos detrás y cada error es un paso más cerca de la victoria. Uno termina arrepintiéndose de las cosas que no hizo más que de las cosas que hizo.
8. Deja de culparte por errores pasados.
Quizá amamos a la persona equivocada y lloramos por errores cometidos, pero no importa cuántas cosas hemos hecho mal, algo es seguro: los errores nos ayudan a encontrar a la persona y a las cosas correctas para nosotros. Todos cometemos errores, tenemos problemas e incluso nos arrepentimos de cosas de nuestro pasado. Pero tú no eres tus errores, no eres tus problemas y estás aquí y AHORA con el poder de moldear tus días y tu futuro. Cada cosa que te ha pasado en la vida te está preparando para algo que aún está por venir.
9. Deja de intentar comprar la felicidad.
Muchas de las cosas que deseamos son caras. Pero la verdad es que las cosas que en verdad nos satisfacen son totalmente gratis: el amor, las carcajadas y trabajar en nuestras pasiones.
10. Deja de buscar la felicidad exclusivamente en otros.
Si no eres feliz con quien eres por dentro, no serás feliz en una relación de largo plazo con cualquier otra persona. Primero tienes que crear estabilidad en tu propia vida, antes de que puedas compartir la vida con alguien más.
11. Deja de ser pasivo.
No pienses demasiado las cosas o crearás un problema que ni siquiera estaba ahí en primer lugar. Evalúa las situaciones y toma acciones decisivas. No puedes cambiar cuando te rehúsas a confrontar las cosas, el progreso implica riesgo, ¡Punto! No puedes llegar a segunda base si tienes un pie en la primera.
12. Deja de creer que no estás listo.
Nadie se siente 100% preparado cuando una oportunidad se presenta. Es porque las oportunidades en la vida nos empujan fuera de nuestras zonas de confort, lo que significa que nunca nos sentiremos completamente cómodos en un principio.
13. Deja de envolverte en relaciones por las razones equivocadas.
Las relaciones deben ser escogidas sabiamente. “Mejor sola que mal acompañada”, decía mi abuelita. No hay necesidad de apresurarse, si algo debe ser lo será a su debido tiempo, con la persona adecuada y el momento debido. Enamórate cuando estés listo, no cuando te sientas solo.
14. Deja de evitar nuevas relaciones sólo porque las pasadas no funcionaron.
En tu vida te darás cuenta de que hay un propósito para cada persona que conozcas. Algunas personas te pondrán a prueba, otras te enseñarán grandes lecciones, pero lo más importante es que algunas sacarán lo mejor de ti.
15. Deja de competir contra todos.
No te preocupes si a otros les va mejor que a ti, concéntrate en romper tus propios récords cada día. El éxito es una batalla entre tú y tú mismo, sólo eso.
16. Deja de lado los celos.
Los celos son el arte de contar las bendiciones ajenas en vez de las propias. Pregúntate esto: “¿Qué es lo que tengo yo que todos los demás quieren?”
17. Deja de quejarte y de sentir pena de ti mismo.
La vida tiene sus altibajos por una razón: para moldear tu camino en la dirección correcta para ti. Puede que no veas o entiendas todo en el momento en que sucede, eso puede ser muy duro. Pero recuerda los momentos difíciles que ya has pasado: Casi siempre nos llevan a mejores lugares, personas, estados mentales o situaciones, eventualmente. ¡Así que sonríe! Deja que todos sepan que hoy eres mucho más fuerte que ayer, y así continuarás.
18. Deja de guardar resentimiento.
No vivas tu vida con odio en el corazón. Terminarás lastimándote a ti mismo más de lo que las personas que odias podrían. El perdón no es sólo decir: “Está bien lo que me hiciste”, es poder decir: “No voy a dejar que lo que me hiciste arruine mi felicidad para siempre”. El perdón es la respuesta, déjalo ir, encuentra la paz, ¡Libérate! Y recuerda, el perdón no es sólo para las demás personas, también es para ti mismo. Si debes, perdónate a ti mismo, supéralo e intenta hacerlo mejor la siguiente ocasión.
19. Deja de permitir que otros te bajen a su nivel.
Niégate rotundamente a rebajar tus estándares para adaptarte a quienes se niegan a elevar los suyos.
20. Deja de desperdiciar el tiempo explicando tus razones a los demás.
Tus amigos no lo necesitan y tus enemigos ni siquiera lo creerán. Sólo haz lo que tu corazón te dice que es correcto.
21. Deja de hacer las mismas cosas una y otra vez sin tomarte un descanso.
El tiempo perfecto para tomarte una pausa es justo cuando no tienes tiempo para ello. Si continúas haciendo lo mismo, seguirás obteniendo los mismos resultados. Hay veces que necesitamos un descanso para ver las cosas más claramente.
22. Deja de pasar por alto la belleza de los pequeños momentos.
Disfruta de las cosas pequeñas porque un día mirarás atrás y descubrirás que eran, en realidad, las cosas más grandes. La mejor parte de tu vida serán las cosas pequeñas, momentos innumerables que invertiste sonriendo a quien te interesa de verdad.
23. Deja de intentar que las cosas sean perfectas.
El mundo real no recompensa a los perfeccionistas, recompensa a las personas que hacen las cosas en tiempo y forma.
24. Deja de seguir el camino más fácil.
La vida no es fácil, especialmente cuando planeas realizarte en algo que vale la pena. No tomes la alternativa más fácil siempre, haz cosas extraordinarias.
25. Deja de actuar como si todo estuviera bien cuando no lo está.
Está bien quebrarse de vez en cuando, no tienes que pretender ser fuerte, no hay necesidad de probarle a nadie que todo está perfectamente todo el tiempo. No debería preocuparte lo que los demás piensan. Llora si lo necesitas, es saludable dejar fluir esas lágrimas. Cuanto más pronto lo hagas, más pronto serás capaz de sonreír de nuevo, sonreír de verdad.
26. Deja de culpar a los demás de tus problemas.
La capacidad de alcanzar tus sueños depende de tu capacidad de hacerte responsable de tu vida. Cuando culpas a los demás de lo que te pasa, estás rechazando esta responsabilidad: Le das poder a otros sobre una parte de tu vida.
27. Deja de hacerlo todo por todos.
Eso es imposible, y solamente terminarás exhausto. Pero hacer sonreír a una persona, a esa persona especial sí puede cambiar el mundo. Quizá no el mundo entero, pero sí una parte de él: enfocarse es el secreto.
28. Deja de preocuparte demasiado.
Preocuparse no le quita problemas al día de mañana, le quita felicidad al día de hoy. Una manera de saber si vale la pena preocuparse es plantearse la siguiente pregunta: “¿Importará esto dentro de un año? ¿Tres años? ¿Dentro de cinco años?” Si la respuesta es negativa, entonces no vale la pena darle más vueltas al asunto.
29. Deja de enfocarte en lo que no quieres que suceda.
Mejor, enfócate en lo que sí quieres que pase. Pensar positivo es el preámbulo al éxito rotundo. Si despiertas cada mañana con el pensamiento de que algo maravilloso sucederá ese día y pones suficiente atención, descubrirás que estabas en lo correcto.
30. Deja de ser ingrato.
No importa lo bien o lo mal que te ha ido, levántate de la cama agradecido por tener vida. Hay quienes, en algún lugar, luchan por ella desesperadamente. En lugar de pensar en lo que te hace falta, intenta pensar en lo que tienes y que a muchos les hace falta.
En lo personal, me doy cuenta de que soy culpable de muchos de estos errores. Definitivamente una lista muy útil y que podría cambiar muchas vidas. ¡A ponerla en marcha!
COMO HACERTE SABER
¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno tiene que buscarlo y dárselo…
Que nadie establece normas, salvo la vida…
Que la vida sin ciertas normas pierde formas…
Que la forma no se pierde con abrirnos…
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente…
Que no está prohibido amar…
Que también se puede odiar…
Que la agresión porque sí, hiere mucho…
Que las heridas se cierran…
Que las puertas no deben cerrarse…
Que la mayor puerta es el afecto…
Que los afectos, nos definen…
Que definirse no es remar contra la corriente…
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja…
Que negar palabras, es abrir distancias…
Que encontrarse es muy hermoso…
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida…
Que la vida parte del sexo…
Que el por qué de los niños, tiene su por qué…
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad…
Que saber todo de todos, es curiosidad malsana…
Que nunca está de más agradecer…
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo…
Que nadie quiere estar solo…
Que para no estar solo hay que dar…
Que para dar, debemos recibir antes…
Que para que nos den también hay que saber pedir…
Que saber pedir no es regalarse…
Que regalarse en definitiva no es quererse…
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos…
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo…
Que ayudar es poder alentar y apoyar…
Que adular no es apoyar…
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara…
Que las cosas cara a cara son honestas…
Que nadie es honesto porque no robe…
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo…
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte…
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente…
Que con los oídos se escucha…
Que cuesta ser sensible y no herirse…
Que herirse no es desangrarse…
Que para no ser heridos levantamos muros…
Que sería mejor construir puentes…
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve…
Que volver no implica retroceder…
Que retroceder también puede ser avanzar…
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol…
¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?
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