Por
eso, el abajo firmante, en adelante el AMIGATARIO, en pleno uso de sus
facultades y sus bibliotecas de los Jóvenes Castores, solicita al
lector, en adelante el AMIGADOR, el usufructo y disfrute de su amistad
más sincera, haciendo efectivos con carácter inmediato los derechos y
obligaciones que se detallan a continuación.
Para
empezar, AMIGATARIO tendrá tantos AMIGADORES como pueda cuidar, atender
y mantener. Más de cero, es necesario. Más de uno, un lujo. Más de
cinco, mentira.
AMIGADOR
se COMPROMETE a proveer a AMIGATARIO de su apoyo incondicional, sobre
todo cuando este último esté equivocado, cosa que ocurrirá más a menudo
de lo habitual. Quede constancia que apoyar no significa dar la razón.
Ni mucho menos. Todo lo contrario. Apoyar es quererse en el error.
Porque en el acierto todo el mundo se quiere. Por eso no todo el mundo
ni puede ni debe amigarse bien.
Así
mismo, AMIGADOR deberá ser capaz de rebajar mediante generosas collejas
el ego de AMIGATARIO en cuanto éste se suba a la parra por cualquier
éxito, triunfo o meta conseguida, cualidad que distingue de un plumazo a
los amigos que son para toda la vida de los que no lo son. AMIGADOR
valorará a AMIGATARIO por lo que es, jamás por aquello que tiene, ni
mucho menos por lo que representa. Si AMIGATARIO empezase a quererse por
encima de sus posibilidades o se volviese un imbécil, un creído o un
sobrado, AMIGADOR se convertiría automáticamente en responsable
solidario de su gilipollez.
La
frecuencia de visitas entre AMIGADOR y AMIGATARIO es totalmente
irrelevante. Cada vez que se vuelvan a ver, será como si no hubiesen
dejado de verse jamás. La verdadera amistad desafía al espacio y al
tiempo. La verdadera amistad está incluso cuando no está. Sobre todo
cuando no está.
Las
conversaciones entre AMIGADOR y AMIGATARIO deberán versar sobre
cualquier cosa inútil y trascendental a la vez. Las mejores cosas que
ocurran serán siempre las que no sirvan para nada. Y los mejores
recuerdos, aquellos que no se pudieron preparar.
El
silencio entre AMIGADOR y AMIGATARIO se considerará sagrado y lleno de
significados, desde la confianza hasta la reflexión. Por eso jamás
resultará incómodo, y nada ni nadie los podrá rellenar.
La
única ley vigente entre AMIGADOR y AMIGATARIO es la improvisación y su
única jurisprudencia, la espontaneidad. Eso sí, compartirlo, hay que
compartirlo todo menos la pareja, la estilográfica y la ropa interior de
color blanco.
Admirarse
por algo, aunque sea algo pequeño e insustancial, es requisito
imprescindible para que AMIGADOR y AMIGATARIO puedan ejercer
correctamente sus funciones. En cuanto no haya admiración de ningún
tipo, se perderá el interés, las ganas o peor aún, el respeto o la
intención.
Las
cosas que se cuenten AMIGADOR y AMIGATARIO quedan entre AMIGADOR y
AMIGATARIO. Siempre y cuando, claro está, que se decida de mutuo acuerdo
que compartirlo con terceros es mucho más divertido, aunque sólo sea
para cachondeo de una de las partes. La memoria de AMIGADOR será
infinita para las cosas más vergonzosas y ridículas de AMIGATARIO, y
tremendamente limitada para cualquier deuda -monetaria o no- contraída
con él.
Se
prohíbe terminantemente que AMIGADOR pretenda algo más que una amistad
con AMIGATARIO o viceversa. El principio de una relación sentimental
suele ser el final de todo lo demás, aunque hay honrosas excepciones a
este supuesto, están todas fuera de la ley. Y duelen. Joder si duelen.
Para
terminar, la relación entre AMIGADOR y AMIGATARIO no será nunca
necesariamente transitiva. Los amigos de mis amigos son sus amigos. Y
nada ni nadie nos obliga a convertir algo tan extraordinario e
infrecuente en un puñetero virus contagioso que hay que transportar de
organismo en organismo. Que cada vela aguante su palo. Y que a ti te
encontré en la calle.
Si
todo esto se cumpliese, nada ni nadie garantizará que la vida y la
relación de amistad no traiga desgracia, sorpresa, desengaño e incluso,
en última instancia, la traición.
Y
pese a todo, aún así, AMIGATARIO pretende seguir solicitando y
renovando cada día su amistad con AMIGADOR, y a tal efecto lo hace
constar.

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