La tarde consumia su luego fatuo,aturdida en un clarooscuro casi
negro que un cielo le probocaba a modo de barro en un talon,consumido
por la fiereza que solo a algunos les dan las palabras,sacudio su arena
en los bolsillos y se dispuso a jugar al juego.un juego que mas que un
juego le sonaba a cuento,a aventura e incluso a riesgo,pero tambien oyo
una vez a un sabio y ultimamente lo habia leido en algun cartel de las
calles de madrid,dandole a si un nuevo sentido a la teoria cosmica,el
riesgo era no arriesgar,y esa sensacion entre cierto o falso le devolvia
a un minuto atras y eso lo convertia en un minto mas de vida,pero no un
minuto cualquiera mas de vida,un minuto extra.sorprendido de su suerte
albergo en su fantasia la cantidad de cosas que pueden pasar en tan solo
un minuto.
Abrir un correo de alguien quien no esperabas,leer las palabras
adecuadas de un conjuro,los numeros de la primitiva convirtiendo en un
minuto a alguien de pobre a rico,un adios improvisado,un accidente
mortal,y rebuscando en su memoria recordo que el tenia un minuto que no
olvidaria probablemente el resto de su vida,el minuto que trascurrio en
un pasillo de hospital cruzandolo con la noticia en la cabeza de que su
madre acababa de morir.miro por la television y se dio cuenta de que
estaban poniendo el secreto de sus ojos en la television ,ultima
pelicula de campanella y en su juego con aquel desconocido al cual se
entregaba a modo de riesgo,decidio contarle el principio de esa historia
que veia en la television,el por que el ni lo sabia,solo la fiereza que
le daban las palabras le empujaba,bueno la fiereza y aquel minuto extra
que ganaba en ese instante en el que formaba parte,de un todo y de un
nada,pero el verbo le llevaba......
el 24 de mayo de 1974 fue la ultima vez que rafael morales desayuno con
liliana colotto,y ese momento lo recordaria el resto de su
vida,recordaba cada detalle de aquella mañana,habian hecho sus planes de
vaciones,ella le preparo un te que el endulzo con ese terron y medio de
azucar,recordo ese dulce de grosellas naturales,las florecillas en su
camison,y sobre todo su sonrisa,una sonrisa recien amanecida que se
fundia con un rayo de sol que entraba en su ventana,aquella meñana....
complacido una vez mas con el encuentro,y convencido de poseer ese
minuto extra,siguio soñanado en su mesa,mando aquel correo que le
devolveria a la textura efimera otra vez,de saberse con la suerte de un
encuentro fortuito,cosmico y con a roma a tragedia en su
connotacion,pero toda evolucion duele,escuece y siempre hace crece,y
sobre todo sirve.
una tarde mas...gracias
Cincuenta intentos,cincuenta desengaños,cincuenta segundos para acabar,.Cincuenta hombres en una vida..Cincuenta intervalos de silencios rotos.Cincuenta maricas en un local..Cincuenta ideas en el coco..Cincuenta intimidades que no te contare.Cincuenta chismes que por un cafe te contaria sin pensarmelo.Cincuenta cartas que ya escribi.Cincuenta que aun no se si escribirlas.Cincuenta disculpas.Cincuenta agradecimientos.Cincuenta minutos de tu tiempo,y el mio.CINCUENTA SOMBRAS DE UN GAY
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sábado, 31 de mayo de 2014
TEORIA DE LA SONRISA
principio. Cuando deja de sorprenderte cualquier final. A sonreír se empieza en cuanto se
aprende a soñar flojito. Es inefable. Pásate varios años con demasiadas ilusiones sin cicatrizar,
y a todos tus sueños les acabará saliendo una arruga. Y como no los vayas revisando
y actualizando de tanto en tanto, algún día te verás explicándoles por qué ya no pueden salir
a la calle vestidos de marinerito. Pero hoy no quiero hablar de sueños. Sino de sonrisas. Y
hay muchísimas maneras de estirar la boca. Para empezar, uno puede sonreír para sí mismo
o puede son-reírle a otro. Se trata de sonrisas completamente distintas, sobre todo porque
mientras la primera es por donde se escapan ideas alegres y recuerdos indelebles, la
segunda constituye el símbolo universal de la complicidad. En este último caso, muchos
aseguran que dedicarle a alguien tus labios puede resultar tan contagioso como un bostezo
en el metro. Luego están las sonrisas que enseñan los dientes y las que se hacen las
interesantes. Nada que ver las unas con las otras. Creo recordar haber leído que el ser
humano, junto a algunos primates, es el único animal del planeta que no enseña los dientes
como señal de defensa o agresividad, sino justamente de todo lo contrario. A partir de ahí,
todas las demás. Sonrisas de idiota y sonrisas de listillo. Sonrisas falsas, sonrisas malignas,
sonrisas tímidas, arrogantes, sonrisas payasas y sonrisas desesperadas. Sonrisas que invitan
a un primer paso y sonrisas que declinan toda invitación. Sonrisas verticales, horizontales,
de medio lado, de medio pelo y hasta en diagonal. El catálogo de sonrisas humanas se
complementa con formas de bocas, accidentes faciales y jardines dentales, hasta crear las
infinitas combinaciones que, en teoría, y sólo en teoría, deberíamos estar presenciando
continuamente. Y es que una variable clave dentro de esta inusual ecuación consiste en el
momento en el que decide hacerse presente. Para cualquier otra expresión física, hay que
tener muy en cuenta cuándo se manifiesta. Para la sonrisa, no. Da igual la situación en la
que te encuentres, una sonrisa bien dibujada siempre te va a ayudar, a ti y seguramente a los
demás también. Sí, incluso en un tanatorio, en un accidente y en una ruptura sentimental.
Para terminar, matización importante. No confundirse. Sonreír no tiene nada que ver con
reír. Simplemente comparten letras. La sonrisa crece. La risa estalla. La sonrisa calla. La
risa berrea. La sonrisa escucha. La risa habla. Pero si se puede sonreír incluso mientras se
llora. Con eso está todo dicho. De cualquier modo, si hay algo que realmente me fascina del
acto de sonreír es lo mucho que se obtiene frente a lo poco que cuesta. Lo poco que abunda
frente a lo gratis que es. Lo bien que conozco el teorema. Lo poco que me lo sé.
EL SUSURRO
Se
sentía cada vez peor. Estaba claro, no iba a salir de ésta. El terrible
dolor que en las primeras horas parecía que acabaría con él estaba ahora
en un segundo plano, casi olvidado, latente, pero oculto por la
terrible infección que recorría todo su cuerpo, destrozando y
consumiendo cada uno de sus órganos.
Era increíble. Aquel mordisco, un único bocado de aquel ser, fue suficiente para destrozar en un instante, aparte de su vida, lo que antes fue uno de sus brazos y que ahora, desposeído de gran parte de su carne, sólo era una terrible ventana al complejo mundo de la anatomía humana.
En un primer momento, ese maltrecho brazo dejaba ver de manera tan espectacular como grotesca parte de su arañado cúbito, con un color tan blanco como nunca hubiera imaginado, para inmediatamente después, teñirse de un rojo vivo, color que dominaba allí donde mirara.
Pero eso fue al principio, cuando su vida parecía que todavía valía algo. Ahora esa misma herida presentaba un aspecto desalentador. Todo era negro. Un oscuro fluido lo cubría todo. Esa espesa y pegajosa sustancia hizo el trabajo que no pudieron hacer las compresas y trapos que taponaban la herida, pero a un alto precio. Ese nauseabundo fluido con olor a muerte era lo único que dejaba escapar su ya casi inerte cuerpo.
A partir de aquí, se convertían en mera ficción esas palabras de ánimo con final feliz que escuchaba como un susurro, de forma casi ininteligible pero constante, entremezcladas con los más cariñosos besos que nadie haya podido recibir jamás. Incluso él, en su ignorancia, era capaz de darse cuenta del fatal desenlace que le esperaba. Aun así esas palabras, pronunciadas por la voz más cálida del mundo, nunca cesaban, eran incansables y éstas, unidas a los infinitos besos y al fuerte abrazo que le mantenía casi inmóvil, le reconfortaban de manera casi mágica, de tal forma que incluso el peor de los males, el que le estaba destrozando por dentro, era incapaz de arrancarle esa sensación de paz que le inyectaban gota a gota.
Sus músculos le desobedecían, se convulsionaba. El sabor de la boca… no podía soportarlo… Vomitó de nuevo. Sus oídos estaban taponados, húmedos. Era casi imposible, pero aun así seguía escuchando esa voz. La paz aumentó, tanto que llegó a convertirse en una ausencia total. Ya no había nada, no sentía, no oía, no veía. Todo se apagó.
Sus ojos se abrieron de nuevo, pero todo había cambiado. Estaba ausente, no quedaba nada de él. Odio, ira, hambre y sobre todo una sensación de ansiedad incontrolable se agolpaban en la mente que ahora ocupaba lo que antes fue su cuerpo. Esos horribles sentimientos estaban ahí presentes, pero el que no estaba era él, no era consciente ya de lo que ocurría.
Esa voz… Una locura incontrolable le empujaba a callarla, tenía que callarla, necesitaba callarla, pero no solo era la voz, necesitaba apagar cualquier forma de vida que pudiera sentir, destrozar, desmembrar y devorar todo ser vivo que cayera a su alcance.
Podía sentir la sangre bombear junto a él, junto a la voz. Se volvió rápidamente. De su boca salió un gemido que le daba una fuerza brutal. Ya la tenía, el mordisco parecía inevitable... De repente, un estruendoso sonido le detuvo, solo momentáneamente, por unos segundos. Esa necesidad de matar volvió al instante. Otra vez ese sonido. Esta vez sí, esta vez acabó todo, ya no podía avanzar, ahora la paz era total.
……
Ana estaba exhausta, destrozada tanto física como moralmente. Quería morir, pero eso de momento no era una opción. Todavía no. Lo que había vivido en esos últimos días, lo que se había visto obligada a hacer… Sólo de pensarlo se le revolvía el estomago, pero ella sabía que eso no era nada comparado con lo que se le venía encima.
Encerrada en esa habitación intentó cortar la hemorragia de Nacho, volvió a sacar fuerzas una y otra vez. No desfallecía. Los aterradores gemidos de esos seres al otro lado de la puerta, unidos a los continuos golpes que terminarían por derribar la misma, carecían de importancia, ahora tenía una misión y eso era lo único que importaba.
Abrazó a Nacho con toda la fuerza que aun era capaz de extraer de su debilitado cuerpo. No podía abandonarle ahora, sabía ya que cualquier cosa que ella hiciera no cambiaría el fatal desenlace que le esperaba a su adorado Nacho. No podía ser, ¿realmente iba a perder a la única persona que amaba? Su compañero inseparable de estos últimos años, juntos, siempre juntos, en lo bueno y en lo malo.
Los dos estaban sentados en ese frío rincón de aquel extraño lugar. Él delante, ausente. Ella detrás, apoyada en la pared, desesperada. Era una bomba de relojería a punto de estallar. Aun así no había una parte de su cuerpo que no estuviera ocupada. Su brazo izquierdo taponaba la terrible herida de Nacho. El derecho rodeaba fuertemente la cintura de su compañero de fatigas, pero la mano sujetaba además una pistola, con las balas justas para poner fin a esta horrible pesadilla, pero todavía no. Esperaría al último momento. Sabía lo que tenía que hacer, pero era incapaz de pensarlo, tenía que hacerlo, pero… ¿podría?
Sus ojos llenos de lágrimas mostraban una mezcla entre desesperación y ternura. Su boca susurraba continuamente a su amado, sustituyendo cada punto, cada coma, por un cálido beso. Ella no sabía si él todavía era consciente, si la oía, pero eso no la detenía, eso daba igual, tenía que acompañarlo hasta el final. Sentada detrás de él, mientras le hablaba al oído, de refilón, podía ver su mirada inexpresiva, parecía tranquilo, había tirado la toalla.
Pasaron más de dos horas sin moverse. La hemorragia hacía bastante que había cesado. El cuerpo de Nacho estaba cogiendo un tinte azulado, las venas estaban hinchadas, azules, sobre un fondo cada vez más blanco. Esa asquerosa sustancia negra, la que indicaba el cambio, supuraba por los oídos. Se acercaba el terrible final.
Los gemidos y golpes al otro lado de la puerta habían cesado casi por completo. Algo los había atraído hacia otro lado, ésa era la única explicación posible. Esos seres eran lentos pero incansables, nunca se hubieran detenido, daba igual el tiempo que tuvieran que esperar, si detectaban una presa nunca abandonaban.
La peor de las señales hacía su aparición, “el último coletazo”, como solían llamarlo de manera generalizada. Los temblores, las convulsiones y los vómitos se entremezclaban salpicando ese asqueroso líquido negro en todas direcciones. Un último esfuerzo. Es todo lo que necesitaba para contener esos violentos ataques que parecían romperle en mil pedazos.
La calma que anunciaba la tempestad había llegado. Su corazón dejó de latir. Aun así ella le seguía hablando, tal vez solo para retrasar su cometido unos segundos más. Ahora era ella la que temblaba.
Minutos después, él se volvió. Sus ojos enloquecidos por el odio y ese aterrador gemido pusieron fin al estado de sopor que envolvía a Ana. Sería una escena que la atormentaría el resto de su vida, aunque si sus planes funcionaban, ese resto de vida se limitaría a unos pocos segundos más.
Consiguió mover su adormecida mano, apoyando el cañón de la pistola contra la barbilla de Nacho, cerró los ojos y apretó el gatillo. Los trozos de la mandíbula se esparcieron por todas partes, pero la bala no alcanzó su objetivo, el cerebro. Por un momento la mirada de Nacho perdió esa agresividad que caracterizaba a los no muertos. Dudó unos segundos y esta vez, con la única bala que quedaba en el arma, la que debía ser para ella, desparramó los sesos de su amado. Terminaba así con lo único bueno que le quedaba. Había acabado con su niño, con su pequeño, que con solo cinco años de edad había dejado este mundo de forma espantosa y ahora ella no podría reunirse con él.
Esta escena parecía terrible, e indudablemente lo era, pero lo peor era saber que escenas similares, con distintos protagonistas y distintos finales, se multiplicaban en millones de puntos de este planeta, extrayendo lo mejor y lo peor de cada ser humano, llevándolos hasta el límite, hasta la locura, día tras día.
Era increíble. Aquel mordisco, un único bocado de aquel ser, fue suficiente para destrozar en un instante, aparte de su vida, lo que antes fue uno de sus brazos y que ahora, desposeído de gran parte de su carne, sólo era una terrible ventana al complejo mundo de la anatomía humana.
En un primer momento, ese maltrecho brazo dejaba ver de manera tan espectacular como grotesca parte de su arañado cúbito, con un color tan blanco como nunca hubiera imaginado, para inmediatamente después, teñirse de un rojo vivo, color que dominaba allí donde mirara.
Pero eso fue al principio, cuando su vida parecía que todavía valía algo. Ahora esa misma herida presentaba un aspecto desalentador. Todo era negro. Un oscuro fluido lo cubría todo. Esa espesa y pegajosa sustancia hizo el trabajo que no pudieron hacer las compresas y trapos que taponaban la herida, pero a un alto precio. Ese nauseabundo fluido con olor a muerte era lo único que dejaba escapar su ya casi inerte cuerpo.
A partir de aquí, se convertían en mera ficción esas palabras de ánimo con final feliz que escuchaba como un susurro, de forma casi ininteligible pero constante, entremezcladas con los más cariñosos besos que nadie haya podido recibir jamás. Incluso él, en su ignorancia, era capaz de darse cuenta del fatal desenlace que le esperaba. Aun así esas palabras, pronunciadas por la voz más cálida del mundo, nunca cesaban, eran incansables y éstas, unidas a los infinitos besos y al fuerte abrazo que le mantenía casi inmóvil, le reconfortaban de manera casi mágica, de tal forma que incluso el peor de los males, el que le estaba destrozando por dentro, era incapaz de arrancarle esa sensación de paz que le inyectaban gota a gota.
Sus músculos le desobedecían, se convulsionaba. El sabor de la boca… no podía soportarlo… Vomitó de nuevo. Sus oídos estaban taponados, húmedos. Era casi imposible, pero aun así seguía escuchando esa voz. La paz aumentó, tanto que llegó a convertirse en una ausencia total. Ya no había nada, no sentía, no oía, no veía. Todo se apagó.
Sus ojos se abrieron de nuevo, pero todo había cambiado. Estaba ausente, no quedaba nada de él. Odio, ira, hambre y sobre todo una sensación de ansiedad incontrolable se agolpaban en la mente que ahora ocupaba lo que antes fue su cuerpo. Esos horribles sentimientos estaban ahí presentes, pero el que no estaba era él, no era consciente ya de lo que ocurría.
Esa voz… Una locura incontrolable le empujaba a callarla, tenía que callarla, necesitaba callarla, pero no solo era la voz, necesitaba apagar cualquier forma de vida que pudiera sentir, destrozar, desmembrar y devorar todo ser vivo que cayera a su alcance.
Podía sentir la sangre bombear junto a él, junto a la voz. Se volvió rápidamente. De su boca salió un gemido que le daba una fuerza brutal. Ya la tenía, el mordisco parecía inevitable... De repente, un estruendoso sonido le detuvo, solo momentáneamente, por unos segundos. Esa necesidad de matar volvió al instante. Otra vez ese sonido. Esta vez sí, esta vez acabó todo, ya no podía avanzar, ahora la paz era total.
……
Ana estaba exhausta, destrozada tanto física como moralmente. Quería morir, pero eso de momento no era una opción. Todavía no. Lo que había vivido en esos últimos días, lo que se había visto obligada a hacer… Sólo de pensarlo se le revolvía el estomago, pero ella sabía que eso no era nada comparado con lo que se le venía encima.
Encerrada en esa habitación intentó cortar la hemorragia de Nacho, volvió a sacar fuerzas una y otra vez. No desfallecía. Los aterradores gemidos de esos seres al otro lado de la puerta, unidos a los continuos golpes que terminarían por derribar la misma, carecían de importancia, ahora tenía una misión y eso era lo único que importaba.
Abrazó a Nacho con toda la fuerza que aun era capaz de extraer de su debilitado cuerpo. No podía abandonarle ahora, sabía ya que cualquier cosa que ella hiciera no cambiaría el fatal desenlace que le esperaba a su adorado Nacho. No podía ser, ¿realmente iba a perder a la única persona que amaba? Su compañero inseparable de estos últimos años, juntos, siempre juntos, en lo bueno y en lo malo.
Los dos estaban sentados en ese frío rincón de aquel extraño lugar. Él delante, ausente. Ella detrás, apoyada en la pared, desesperada. Era una bomba de relojería a punto de estallar. Aun así no había una parte de su cuerpo que no estuviera ocupada. Su brazo izquierdo taponaba la terrible herida de Nacho. El derecho rodeaba fuertemente la cintura de su compañero de fatigas, pero la mano sujetaba además una pistola, con las balas justas para poner fin a esta horrible pesadilla, pero todavía no. Esperaría al último momento. Sabía lo que tenía que hacer, pero era incapaz de pensarlo, tenía que hacerlo, pero… ¿podría?
Sus ojos llenos de lágrimas mostraban una mezcla entre desesperación y ternura. Su boca susurraba continuamente a su amado, sustituyendo cada punto, cada coma, por un cálido beso. Ella no sabía si él todavía era consciente, si la oía, pero eso no la detenía, eso daba igual, tenía que acompañarlo hasta el final. Sentada detrás de él, mientras le hablaba al oído, de refilón, podía ver su mirada inexpresiva, parecía tranquilo, había tirado la toalla.
Pasaron más de dos horas sin moverse. La hemorragia hacía bastante que había cesado. El cuerpo de Nacho estaba cogiendo un tinte azulado, las venas estaban hinchadas, azules, sobre un fondo cada vez más blanco. Esa asquerosa sustancia negra, la que indicaba el cambio, supuraba por los oídos. Se acercaba el terrible final.
Los gemidos y golpes al otro lado de la puerta habían cesado casi por completo. Algo los había atraído hacia otro lado, ésa era la única explicación posible. Esos seres eran lentos pero incansables, nunca se hubieran detenido, daba igual el tiempo que tuvieran que esperar, si detectaban una presa nunca abandonaban.
La peor de las señales hacía su aparición, “el último coletazo”, como solían llamarlo de manera generalizada. Los temblores, las convulsiones y los vómitos se entremezclaban salpicando ese asqueroso líquido negro en todas direcciones. Un último esfuerzo. Es todo lo que necesitaba para contener esos violentos ataques que parecían romperle en mil pedazos.
La calma que anunciaba la tempestad había llegado. Su corazón dejó de latir. Aun así ella le seguía hablando, tal vez solo para retrasar su cometido unos segundos más. Ahora era ella la que temblaba.
Minutos después, él se volvió. Sus ojos enloquecidos por el odio y ese aterrador gemido pusieron fin al estado de sopor que envolvía a Ana. Sería una escena que la atormentaría el resto de su vida, aunque si sus planes funcionaban, ese resto de vida se limitaría a unos pocos segundos más.
Consiguió mover su adormecida mano, apoyando el cañón de la pistola contra la barbilla de Nacho, cerró los ojos y apretó el gatillo. Los trozos de la mandíbula se esparcieron por todas partes, pero la bala no alcanzó su objetivo, el cerebro. Por un momento la mirada de Nacho perdió esa agresividad que caracterizaba a los no muertos. Dudó unos segundos y esta vez, con la única bala que quedaba en el arma, la que debía ser para ella, desparramó los sesos de su amado. Terminaba así con lo único bueno que le quedaba. Había acabado con su niño, con su pequeño, que con solo cinco años de edad había dejado este mundo de forma espantosa y ahora ella no podría reunirse con él.
Esta escena parecía terrible, e indudablemente lo era, pero lo peor era saber que escenas similares, con distintos protagonistas y distintos finales, se multiplicaban en millones de puntos de este planeta, extrayendo lo mejor y lo peor de cada ser humano, llevándolos hasta el límite, hasta la locura, día tras día.
domingo, 25 de mayo de 2014
CUMBRE
Súbete a ser un punto de ti mismo
que sobrevuelen sólo los reveldes
que antes de ti llegaron. Que esa cumbre
resulte inaccesible a los que trepan;
Que no se llegue allí sin alas propias.
Y que nunca
te concedas pensar que ese es tu límite
ni traces propiedad sobre su altura.
El que ama volar siempre está abajo
del cielo de su sed. y sólo deja
tras de sí la pisada que lo impulsa.
que sobrevuelen sólo los reveldes
que antes de ti llegaron. Que esa cumbre
resulte inaccesible a los que trepan;
Que no se llegue allí sin alas propias.
Y que nunca
te concedas pensar que ese es tu límite
ni traces propiedad sobre su altura.
El que ama volar siempre está abajo
del cielo de su sed. y sólo deja
tras de sí la pisada que lo impulsa.
A AÑOS LUZ
Andamos nuestras vidas, en un ir y venir, para que un buen
día aquellos que llegan detrás de alguna forma las desanden.
Nuestra rica cartografía de personas, vivencias, y caminos
desaparece dando paso a lo efímero de otra vida que llega detrás de la nuestra
arrasando con todas nuestras creencias. Dicen que la luz viaja rápido por el
espacio tiempo; concretamente a 299, 792,458m/s. Si a este ritmo como en los
años que pasan para nosotros igual pasa con la luz, la luz recorre 9 460 730 472 580,8 km.[1] [2Es calculada como la
longitud que recorre la luz en un año. Más específicamente, un año luz es la
distancia que recorrería un fotón en el vacío durante un año juliano (365,25
días de 86 400 s) a la velocidad de la luz (299 792 458 m/s), a una distancia
infinita de cualquier campo gravitacional o campo magnético.1
Un año luz es una unidad de longitud (es una medida de la
longitud del espacio tiempo absoluto einsteniano).si tuviésemos la oportunidad
de en un sueño entender todos los errores que cometieron nuestros antepasados y
evitar la predisposición genética inculcada por ellos de meter la pata a cometer
los mismos errores que de alguna forma darán paso a errores nuevamente efímeros
que desparecerán con el paso de la siguiente generación, eso quizás nos daría
ciertas licencias y algún salvoconducto para considerarnos de una forma a años
luz de todo lo que nos ligó una vez a errores de otros y torpeza inculcada a
través del gen.
La vida es una ruleta rusa que nos toca vivirla como a cada
uno nos viene, admiramos a la gente por su arte, por la capacidad de construir puentes,
pintar cuadros, o escribir obras maestras, con los años he aprendido que la
verdadera admiración la merecen todos aquellos que son capaces de poner de pie
a lo único que merece la pena vivir, el amor, a aquellos que están a años luz
de la mediocridad de lo que sus genes les deparaban y supieron reinventarse sin
mirar atrás más que para tomar impulso para tener la capacidad de seguir hacia
delante y comprender que lo importante no es el trayecto si no saber caer,
porque en la caída no está el fracaso, si no en no saber levantarse.
Todos los que se levantan ,aprenden y se reinventan y aun
así siguen sin ponerse la coraza para seguir dando lo único que merece la pena
y el esfuerzo de vivir la vida que es dar el corazón ,es la gente que debería
gobernar el mundo, los inteligentes emocionales, los que saben que pase lo que
pase se levantaran igualmente y esa caída solo les servirá de referencia a
seguir más ricos. Más fortalecidos
sábado, 24 de mayo de 2014
OIDO COCHINA votar o no votar
Póngame una España deconstruida.
Ésa que está de oferta. Ésa que anuncian en televisión.
Hace como cuatro años que no me
la venden, y la verdad que jamás lo eché de menos, pero
dice mi abogado que no es
recomendable hacer dieta de democracia. Así que aquí estoy de
nuevo, engordando de mentira
cochina y volviendo a hacer ver que mi voto sirve para algo.
Que no sabe cómo prepararla. No
se preocupe, yo le índico. Para empezar, quiero que me
disuelva las Cortes y se prepare
para calentarme el tarro a fuego lento durante mes y medio.
Durante ese tiempo, tenga listo
cada día a primerísima hora un titular bien fresquito, me lo
mete en el horno de la boca de
cualquier portavoz, me lo machaca en los medios a todas
horas y a esperar a que surjan
las reacciones. Como ya sabe, la calidad de la materia prima
lo es todo. Cuanta más enjundia
contenga la barbaridad que se vomite, de mayor calado y
envergadura será el circo de las
consecuencias. Si quiere darle un toque especial, échele de
tanto en tanto un ex presidente
meando fuera de tiesto, que siempre da sabor. Olvídese de
las declaraciones con mucha
trascendencia o calidad, todas suelen caducar a las
veinticuatro horas, por lo que
tendrá que procurar que no se le corte la mala leche, para que
el desaguisado llegue en su punto
óptimo al paladar de las urnas. Ni muy hecho, ni muy
tierno. Conviene irlo macerando
además en alguna espuma baladí, como los vídeos de un
candidato, la longitud de su barba,
o el perfume de su partido, para luego subir la
temperatura poco a poco, y pasar
a los ingredientes más clásicos que imprimirán carácter y
personalidad a la propuesta, a
saber, la vivienda, el paro, la inmigración, las pensiones, los
impuestos, la economía, el
terrorismo, el debate nacionalista, la Iglesia, la familia o las
infraestructuras. Y recuerde, un
ingrediente, un voto. Me lo hierve todo en una olla bien
grande tipo palacio de los
deportes de algún pueblo del extrarradio, con miles de militantes
haciendo chup chup mientras
aplauden cualquier idea de España con los ojos en blanco, y
me lo deja ahí las dos semanas
que dure la campaña. Durante ese tiempo, sólo tendrá que
ocuparse de cambiar de tanto en
tanto de ciudad y de que, en el punto de su ebullición
televisiva, siempre aparezcan
detrás del candidato el mismo número de hombres que de
mujeres ?no vayan a pensar que
somos machistas?, el mismo de jóvenes que de ancianos ?
no vayan a tildarnos de
anticuados?, el mismo de sonrientes que cariacontecidos ?no vayan
a creer que estamos satisfechos.
Eso, y un eslogan ni muy ni demasiado, me explico, ni
muy largo ni demasiado corto, ni
muy genérico ni demasiado concreto, ni muy triunfalista
ni demasiado realista, ni muy
inteligente ni demasiado aprehensible, ni muy ni demasiado,
cono ya me entiende. Cuando lo
tenga listo, lo debate todo en televisión, y me lo sirve en
forma de programa electoral con
las promesas aparte, separadas entre las que jamás se
podrán cumplir y las que fue- ron
mentidas desde un principio, a ver si esta vez las puedo
diferenciar. Para terminar, nada
de alcohol por favor, no vaya a ser que nuestros políticos
logren en un día aquello que
siempre intentan y jamás consiguen durante el resto del año.
Llamar la abstención, digo, la
atención.
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