Podría
escribir los versos más bonitos tras un titular como ése. El cuerpo
como que me pide darle rienda suelta al monosílabo romántico, ese gran
desconocido por las generaciones posteriores al “ola ke ase”, ese gran
guionista que tantos buenos momentos le ha dado a mi mano izquierda.
Pero no. La verdad es que es sólo uno de los estados que he descubierto
en mi lista de contactos del whatsapp.. Sí, sí, a ti te voy a decir quién. Da igual, ahora eso es lo de menos.
El caso es que los estados de whatsapp son la ropa interior de las
redes sociales. Porque son lo que nos acaba de delatar, sí, pero en la
intimidad. Es lo que le queremos decir a la gente que tiene nuestro
móvil, la última barrera tecnológica ante la que ya sólo queda nuestra
voz y el encuentro real, la última llave que abre la puerta a nuestro
tiempo, a la llamada al mismo tiempo, la que te hace parar, dejarlo todo
y tener que oír y a veces, hasta escuchar. Pertenece al ámbito público
más privado. La última barrera de nuestra piel, nuestro olor y nuestra
verdad más verdadera.
Una piel que crece a un ritmo de 1 millón
de usuarios al día y ya acumula la nada despreciable cantidad de 450
millones de usuarios en todo el mundo, una epidermis social que dicen
que este año pasará de los 900 millones de poros, todos en pelotilla
picada. Imagínatelos ahí junticos. Qué cucos eh.
Y tú los
tienes a todos en tu bolsillo, menuda sensación: poder consultar el
estado de tus amigos, el de tus conocidos, el de tus enemigos, de tus
ex, o de aquéllos que por alguna extraña razón aún conservas el número,
de cuando todavía creías que podríais llevaros bien, o de cuando aún no
os conocíais lo suficiente, yo qué sé. Y que levante la mano quien se
resistiría a ver a sus enemigos en gayumbos o peor, con las braguillas
esas de papel que te hacen usar los masajistas.
Ahí andan
todos. El que te dice que está siempre “Disponible” y sabes que es
siempre mentira. Tú llámale ahora, ya verás. Y si te miente así como de
garrafón y a granel, imagínate cuando le necesites para un delicatessen.
Nada. No te fíes. Bah.
Luego está el que siempre está
“Ocupado”. No nos liemos, nos está diciendo que es un “Estado Ocupado”.
Algo así como una república exsoviética pseudoindependiente, pero en
versión Juan Palomo. Si estás todo el tiempo ocupado, para qué leñe
tienes whatsapp. Eso es tan ridículo como apuntarte a una orgía para así
contarle a todos los asistentes que piensas seguir virgen hasta el
matrimonio. No sé si es correcto, pero bien bien no está.
Después aparecen siempre los que han sofisticado su grado de ocupación y
te dicen que “No puedo hablar, sólo whatsapp”. O dicho de otro modo,
tengo una vida tan soberanamente coñazo que te suplico a la desesperada
que me escribas algo y me distraigas, pero eso sí, no esperes que reúna
el valor para coger una triste llamada y detener eso tan apasionante que
me está pasando en estos momentos.
Seguimos para bingo, porque
siempre me han fascinado los que te describían lo que ya debería ser
evidente. “Estoy usando whatsapp” o su versión guiri-guay, “Hi there,
I’m using Whatsapp!”. Cojonudo. Menos mal que me lo has dicho, no me lo
llegas a avisar y pienso que estabas usando la Thermomix.
Dios, paciencia.
Cincuenta intentos,cincuenta desengaños,cincuenta segundos para acabar,.Cincuenta hombres en una vida..Cincuenta intervalos de silencios rotos.Cincuenta maricas en un local..Cincuenta ideas en el coco..Cincuenta intimidades que no te contare.Cincuenta chismes que por un cafe te contaria sin pensarmelo.Cincuenta cartas que ya escribi.Cincuenta que aun no se si escribirlas.Cincuenta disculpas.Cincuenta agradecimientos.Cincuenta minutos de tu tiempo,y el mio.CINCUENTA SOMBRAS DE UN GAY

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