Ya perdoné errores casi imperdonables, intenté sustituir a personas insustituibles. Ya hice cosas por impulso, ya me decepcioné con personas, como también imagino, que yo decepcioné a otras. Ya abracé para proteger, ya reí cuando no podía, ya hice amigos eternos, amé y fui amado y una vez también me rechazaron, ¿por qué no?
Ya grité de felicidad y lloré escuchando música, ya viví de amor y juré eternamente. Ya fallé muchas veces. Ya me quedé escondido para escuchar una voz. Y me llenaron sonrisas y me morí de la risa.
Ya pensé que moriría con la tristeza de alguna tarde de invierno y su melancolía. También tuve miedo de perder a alguien especial y lo perdí a pesar de todo, dándome cuenta de que a veces el esfuerzo y las ganas, no nos garantizan poder retener a los que quisiéramos tener a nuestro lado eternamente. Ya he pasado por la vida, escuchando, saboreando, viendo, sintiendo y oyendo constantemente toda su contundencia y con toda la esperanza de saber que el mundo es de los que se atreven, de los que se entregan y buscan la capacidad de buscar luz allá donde otros no la ven, o no creen ni que exista.
Y sabemos que estamos solos muchas veces, caminamos solos.
Y a pesar de la evidencia y de la falsa verdad, aún resiste la esperanza de que algo cambiará. Y yo no tengo mucho que enseñarte, te hablo como si me hablase a mi mismo, he tomado quizás sólo otro camino, pero he llegado aquí, como tú, que tienes que luchar cada día para ser mejor, para tener el coreje de verte reflejado en el espejo y reconocerte con todos tus sentidos.
Y aunque a veces te parezca que tu solo sostienes el mundo, y que bajo ese peso no hay nadie, mira afuera, porque hay un mundo. Un bosque de lamentos y un laberinto te llevarán a comprender que en tu historia todo es justo, y a veces todo está equivocado, pero que al final todo encaja en el aprendizaje y que todo en la misma dirección, componen tu vida. [...]

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